Definidos
11.4.26
Etiquetas: aforismo
El escritor en bata
9.4.26
He conocido a bastantes escritores encerrados en sí mismos, en sus libros, en sus cánones y en sus círculos literarios. Viven lejos de la realidad, aunque hablen sin cesar de ella. Confunden la vida literaria con la vida, la conversación entre colegas con el mundo, y el reconocimiento de su pequeño ámbito con alguna forma de relevancia. La bata, en ellos, no es una prenda, es una actitud.
Ese modelo de escritor suele producir una literatura correcta, a veces incluso brillante, pero rara vez necesaria. Son textos bien construidos, informados, culturalmente solventes, pero a menudo desprovistos de experiencia verdadera. Hay en ellos oficio, pero no siempre hay vida. Y sin vida, la escritura acaba siendo una variante elegante de la repetición.
El problema no es el retiro, ni la lectura, ni la disciplina. El problema empieza cuando el escritor convierte su encierro en una coartada y su rutina en un prestigio. Entonces deja de mirar el mundo y empieza a mirarse escribiendo. La literatura se vuelve autorreferencial, cortesana, satisfecha de sus propias señales de inteligencia. Pierde roce con lo real y, con ello, pierde también capacidad de conmover, de incomodar o de revelar.
Conviene recordar algo elemental y es que la escritura no se sostiene solo en la biblioteca. Se sostiene, sobre todo, en la experiencia. En la contradicción, en el fracaso, en el deseo, en el daño, en la intemperie. No se escribe para confirmar una identidad literaria, sino para someterla a prueba. Por eso los textos que de verdad importan no son los más cultivados ni los más ornamentados, sino los que han pasado por la vida antes de pasar por la página.
En literatura, la bata puede ser cómoda, pero casi nunca fecunda. A la larga, el escritor que no sale de sí mismo termina escribiendo siempre el mismo libro: el de su clausura.
Etiquetas: análisis, comentario, escritura
Gravitacional
8.4.26
Etiquetas: aforismo, resistencia, vuelo
Contingencias varias
7.4.26
No creo en la existencia de otros universos fuera del que habitamos, aunque las matemáticas permitan formular modelos multidimensionales que los hagan pensables. Sí creo, en cambio, en la coexistencia de destinos paralelos o múltiples dentro de una misma realidad. Basta un segundo de demora ante un semáforo para salvar una vida. Basta una prisa inoportuna para perderla. Cada variación mínima en el rumbo que tomamos abre un azar distinto, una posibilidad nueva, un desenlace inesperado, pero no vivimos ni morimos todas las posibilidades, solo vivimos una y solo en esta morimos.
Etiquetas: análisis, comentario, universo
Moderneces
6.4.26
Vivimos en una época donde la bondad empieza a parecer sospechosa. Amar a los demás se interpreta como debilidad o impostura, pedir justicia e igualdad como una forma de alteración del orden y denunciar la riqueza obscena frente a la pobreza como si fuera un gesto de resentimiento y no una exigencia de decencia. Entonces el odio, para defenderse, necesita convertir en culpable a quien todavía cree en la dignidad humana. Por eso no extraña que los fomentadores del rencor llamen peligroso al que no acepta la crueldad como costumbre ni la desigualdad como paisaje. A sus ojos, todo impulso de fraternidad es subversivo porque pone en evidencia la miseria moral de un mundo que ha aprendido a convivir con el daño. Pedir un mundo mejor para todos sigue siendo, para ciertas conciencias, una ofensa imperdonable.
Etiquetas: análisis, bondad, comentario, reflexión
Espíritu maligno
5.4.26
El bebé lloró toda la noche de hambre y murió al amanecer. A Munashe, una joven mujer zimbabuense, el llanto se le quedó dentro y enloqueció. No gritó. El silencio fue peor. Al principio, la gente dijo que era el duelo, que el dolor a veces se esconde en lugares extraños. Pero pronto comenzaron a oírlo también: un gemido leve, como de criatura, saliendo de su pecho cuando respiraba. Munashe se golpeaba el vientre vacío.
—No se ha ido —susurraba—. Se ha quedado.
Los ancianos hablaron de un espíritu maligno, de algo que no acepta la pérdida y se alimenta de ella. Encendieron hierbas, trazaron círculos, pronunciaron nombres antiguos. El llanto no cesó. Con el tiempo, el pueblo aprendió a convivir con aquel sonido. Las noches se volvieron más cortas. Nadie dormía del todo. Hasta que un día, sin aviso, el llanto cambió. Ya no pedía. Llamaba. Y uno a uno, los recién nacidos comenzaron a despertar a la misma hora, con los ojos abiertos en la oscuridad, como si alguien, desde dentro de otro cuerpo, los estuviera nombrando.
Etiquetas: cuentos de domingo, cuentos diminutos
Regresiones
3.4.26
Esta mañana me encontré con una aparición de mi pasado. No lo reconocí al momento, aunque él sí sabía mi nombre. Entonces comencé a indagar en mi memoria. Con esfuerzo rescaté algunas imágenes del personaje y se marchó sin que pudiera situarlo de manera concreta en una realidad como la que los dos tuvimos hace muchos años. En la conversación fue él quien sostuvo casi todo: ese fantasma de mi vida actual se empeñó en contarme detalles de entonces, me llamó por mi nombre y me situó en algún espacio preciso de aquellos días. Me dijo, entre otras cosas, que yo leía muchos libros. Cuando me quedé solo pensé en eso. No me recordaba en esa fiebre lectora, quizá porque nunca las letras me han parecido suficientes. Quizá también porque uno no recuerda lo que fue, sino apenas lo poco que el tiempo le deja salvar de sí mismo.
Etiquetas: análisis, comentario, pasado
Nominaciones
2.4.26
Existen épocas en que las palabras enferman. Siguen ahí, disponibles, pero ya no alcanzan a nombrar con precisión lo que sucede. El miedo las vuelve imprecisas; la agonía, solemnes; la costumbre, inútiles. Entonces el mundo ocurre más rápido que el lenguaje, y la conciencia siente que habita una intemperie: ve, padece, presiente, pero no consigue decir. Quizá por eso escribir no sea solo ordenar signos, sino llamar de nuevo a las palabras, como quien convoca a unas antiguas guardianas del sentido. Se las espera no para adornar la realidad, sino para volverla legible, habitable, pensable. Toda época de confusión es también una crisis de nombrar. Y, sin embargo, aún de las palabras exhaustas puede nacer una luz. Basta que una sola recobre su exactitud para que el pensamiento deje de ser ruina y vuelva a parecerse a un territorio común. A esa patria anterior del sentido, a esa Pangea del pensamiento, seguimos llamando cada vez que escribimos.
Etiquetas: análisis, comentario, palabras, reflexión
Diversiones
1.4.26
El entretenimiento ha dejado de ser descanso para convertirse en asedio. Sobre la conciencia cae, a toda hora, una lluvia incesante de estímulos, imágenes, músicas, chistes, historias mínimas y euforias prefabricadas. Todo reclama atención, todo exige un gesto, una reacción, un segundo de mirada. Pero allí donde todo deslumbra, nada ilumina. El alma, acostumbrada al sobresalto continuo, termina por no sorprenderse de nada. Y cuando el asombro se erosiona, el mundo pierde espesor. Ya no hay revelación en las cosas pequeñas, ni temblor ante lo bello, ni pausa ante lo verdadero. La vida sigue, sí, pero como una superficie lisa, sin hondura, sin misterio, sin relámpago. Entonces la rutina no nace de la pobreza del mundo, sino del cansancio de una sensibilidad saturada. No empobrece la vida la falta de estímulos, sino el exceso que mata el asombro.
Etiquetas: análisis, comentario, entretenimiento
Los adjuntos
30.3.26
Hay gente que no acompaña: se adhiere. Son los adjuntos y viven pegados al que manda, al que brilla, y llaman lealtad a lo que es dependencia. Su oficio es estar cerca: reír a tiempo, asentir, aplaudir primero, defender lo indefendible con ideas prestadas. Al amo les convienen porque el séquito legitima, agranda, da público y coartada. Y al adjunto le compensa el espejismo de la luz ajena, aunque viva con miedo a caer del círculo y ser sustituido por otro más dócil. Quien se pega para brillar acaba perdiendo la dignidad por reflejo.
Destrezas
29.3.26
Por más que lo intentó jamás logró hacer la o con un canuto. Probó frente al espejo, en secreto, en voz baja, como si se tratara de un conjuro menor. Redondeaba los labios, contenía el aire, se concentraba y nada. Le salía una mueca dudosa, un gesto a medio camino entre el asombro y la disculpa. En la escuela, los demás niños trazaban oes perfectas en el aire, en el cuaderno, en la vida. Él, en cambio, se especializó en otras cosas y hacía equilibrios con las palabras difíciles, domesticaba las erres rebeldes, y tenía una habilidad extraordinaria para decir quizá cuando nadie sabía qué decir. Con los años, dejó de intentarlo y descubrió que no todo el mundo está hecho para cerrar círculos y que, algunos, como él, están destinados a dejarlos abiertos.
Etiquetas: cuentos de domingo, cuentos diminutos
Cosas menudas
28.3.26
La felicidad es pequeña, cabe en una mano y cuando aprietas se escapa y por eso no se posee, se cuida. Y es cotidiana cuando miras las cosas que te rodean sin pasar por encima de ellas. Y es amable e inmediata cuando abrazas a alguien y el cuerpo recuerda que está a salvo. Así es la felicidad un tiempo confortable que no tiene precio, una tregua sin alarde, un instante que no presume. La felicidad no es un lugar, es una forma de tocar el día sin romperlo.
Etiquetas: análisis, comentario, felicidad, reflexión
De los seres extraordinarios
26.3.26
No creo en la Providencia. Me cuesta aceptar que exista una mano invisible ocupándose del desorden humano, repartiendo consuelos, corrigiendo a escondidas la torpeza del mundo. La realidad, vista de cerca, parece más bien un andamiaje de rutinas, una administración minuciosa del cansancio, un pacto tácito con lo previsible. Cada día trae su cuota de trámites, de obediencias, de resignaciones pequeñas. Y, sin embargo, a veces aparece alguien. No hablo del héroe solemne ni del iluminado que reclama reverencia, sino de esos seres extraordinarios que, sin abolir la realidad, la desmienten un instante. Son personas capaces de introducir en la vida una fisura de asombro, una inteligencia que consuela, una valentía que contagia, una ternura que rescata, una imaginación que vuelve habitable lo inhóspito. No cambian las leyes del mundo, pero sí su temperatura moral. Tal vez lo maravilloso no consista en que el cielo intervenga, sino en que ciertos seres humanos se atrevan a vivir como si la mezquindad no fuese obligatoria. Ellos no suspenden la gravedad tan solo la vencen por elevación interior. A falta de Providencia, a veces basta una presencia.
Etiquetas: análisis, comentario, reflexión
Perspicacia visual
25.3.26
Atrofiada a veces nuestra agudeza visual —como si padeciéramos esa supuesta ’enfermedad de los ojos de gato’—, una mirada desproporcionada termina por facilitarnos la comprensión del mundo. No vemos mejor: vemos más. Y agrandamos lo mínimo hasta volverlo significativo, exagerando el contorno de las cosas para que su verdad no se nos escape. Mirar con exceso no es deformar: es rescatar y darle volumen a lo que la costumbre aplana: una taza en la mesa, un gesto de cansancio, la luz que cae sobre un pasillo. La exageración, entonces, no es un vicio óptico, sino una ética de la atención, un intento de que lo cotidiano no pase sin dejar huella, porque quizá el latido diario no se entiende con una mirada exacta, sino con una mirada intensa como si la vida, para ser vista, necesitara que la miráramos un poco más de la cuenta. Lo real no siempre pide precisión, tan solo asombro.
Etiquetas: análisis, comentario, mirada
Puertas
24.3.26
Mientras la soledad creativa del adulto estresa, la del niño inaugura universos.
Etiquetas: aforismo, creatividad
Mérito
23.3.26
Durante años nos dijeron que el mundo era una balanza exacta y que cada cual recibiría el peso de su esfuerzo. Era una promesa tranquilizadora ya que bastaba con hacer bien las cosas para que la vida respondiera con justicia. Pero la experiencia —esa forma lenta de la verdad— nos fue enseñando otro cálculo. Existen talentos que no encuentran ocasión y mediocridades que prosperan en terreno fértil. Hay trabajos invisibles que sostienen días enteros y aplausos que caen sobre gestos vacíos. El mérito, cuando se convierte en contabilidad, termina pareciéndose demasiado al orgullo o al resentimiento. Sin embargo, existe otra forma de merecer que no depende del reconocimiento ni del resultado. Está en la fidelidad a lo que se hace cuando nadie mira, en la obstinación de hacer bien incluso lo pequeño, en esa ética secreta que no cotiza en ningún mercado ni garantiza el éxito, pero construye algo más raro como es una conciencia habitable, porque el verdadero mérito no consiste en obtener lo que se espera sino en no traicionarse mientras se espera. El mérito más alto es seguir siendo digno de la vida que se vive, aunque la vida no reparta premios.
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