Solturas

16.4.26


Deleuze y Guattari entendieron algo decisivo y es que el mal de nuestro tiempo no consiste en la falta de comunicación sino en su exceso. Estamos cercados por voces, consignas, estímulos, informaciones, y sin embargo cada vez resulta más difícil crear y resistir. El presente pesa no solo por lo que impone sino por la velocidad con que ocupa todos los espacios de la conciencia. Frente a esa presión, la imaginación no es un adorno ni una evasión. Es una forma de entereza. Crear equivale a no entregarse por completo a lo dado, a abrir un resquicio en la compacta superficie de la actualidad. Solo así el presente deja de ser una losa y empieza, al menos por un instante, a volverse respirable. Solo resiste de verdad quien todavía es capaz de imaginar.


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