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Nominaciones

2.4.26


Existen épocas en que las palabras enferman. Siguen ahí, disponibles, pero ya no alcanzan a nombrar con precisión lo que sucede. El miedo las vuelve imprecisas; la agonía, solemnes; la costumbre, inútiles. Entonces el mundo ocurre más rápido que el lenguaje, y la conciencia siente que habita una intemperie: ve, padece, presiente, pero no consigue decir. Quizá por eso escribir no sea solo ordenar signos, sino llamar de nuevo a las palabras, como quien convoca a unas antiguas guardianas del sentido. Se las espera no para adornar la realidad, sino para volverla legible, habitable, pensable. Toda época de confusión es también una crisis de nombrar. Y, sin embargo, aún de las palabras exhaustas puede nacer una luz. Basta que una sola recobre su exactitud para que el pensamiento deje de ser ruina y vuelva a parecerse a un territorio común. A esa patria anterior del sentido, a esa Pangea del pensamiento, seguimos llamando cada vez que escribimos.


La densidad de las palabras

19.11.25


Las palabras no son corchos que echas al agua y flotan. Tienen que tener un peso específico que las haga hundirse en nuestro interior. Solo así dejan sedimento, memoria, huella.

Las palabras ligeras resbalan, suenan, pero no tocan porque se las lleva el aire, como polvo que no encuentra superficie donde adherirse. Las otras cuya densidad la hace verdaderas, descienden lentamente hasta la zona donde la conciencia guarda su materia viva. Ahí, en ese fondo íntimo, empiezan a trabajar en silencio.

Una palabra con peso se densifica y nos obliga a detenernos, a respirar de nuevo, a reacomodar el mundo en torno a ella. A veces incomoda, a veces consuela pero siempre transforma, porque solo las que hunden en nosotros su gravedad son capaces de sostenernos.


Trucos de magia

24.7.25


Contar historias no es más que ejercer de ilusionista de las palabras.



Terminaciones

22.7.25


Todas las palabras terminadas en miento dicen la verdad.



Repercusiones

8.5.25


Cuanto más eco adquieren las palabras más ruido provoca su reverberación.


Debacles

4.4.25


Si usamos grandes palabras, naufragamos el mensaje.


Exiguas

28.8.24

 

Todas las palabras me parecen pocas para expresar lo sentido y lo insentido también.



Sin salida

1.7.24


Perdido en esta selva de palabras no encuentro el verbo por dónde salir.





Estertoreas

19.4.24


Cuanto más eco adquieren las palabras más ruido provoca su reverberación.



Imperturbabilidades

30.9.23



Preferible es que con nuestras palabras nadie se sienta alterado o dolido.





Desvestidos

22.5.23



Si desnudas las palabras descoses las hechuras del lenguaje.





Resbaladizos

14.4.23



Nos deslizamos por las palabras como quien se escurre por un riachuelo inclinado.



Trajes

24.2.23



Las palabras son nuestra vestimenta social.



Metamorfosis

27.10.22



Encerrarse en la escritura, a modo de un gusano en un capullo de seda. Y salir transformado por las palabras.




Hipérboles del yo

24.8.22



Nuestras acciones hablan de nosotros mejor que nuestras palabras.




Resonantes

21.7.22



En ocasiones se habla más con la boca cerrada que pronunciando palabras.



Alcoholemia

2.4.22



Los mejores aforismos son los que se escriben borrachos de palabras.




Doblegadas

14.1.22



¡Qué alegría si las palabras fueran pájaros y vinieran a comer a nuestras manos nada más llamarlas!



Pisar en falso

16.8.21



En el alambre de las palabras mantengo el equilibrio con la pértiga de pensar. Apenas me venzo a uno de sus lados me espera la caída al vacío aterrador.



Exhumación

30.6.21



¿Dónde estarán los cadáveres de las palabras que borramos?