Sin regreso
19.4.26
Le ocurrió la última vez. Anteriormente pudo volver, pero no en esta ocasión. Cuando escribía solía salir de su realidad, inmerso en esos mundos imaginados que dan voz a sus personajes, lugar a los paisajes descritos y a las situaciones narradas. No sabemos muy bien por qué, pero se metió tanto en aquel papel que se quedó dentro de una de sus novelas y pareció un personaje más. Al principio, nadie lo notó. El manuscrito seguía creciendo sobre la mesa, como si alguien lo continuara en secreto. Las páginas aparecían cada mañana, aún tibias, con una letra ligeramente distinta, más insegura, como escrita desde dentro. En la historia, había un hombre. No tenía nombre fijo. A veces era narrador, a veces testigo, a veces apenas una sombra que cruzaba una escena y desaparecía, pero estaba siempre. Observaba y parecía buscar algo. Los lectores comenzaron a sentir una incomodidad leve, difícil de explicar. Como si alguien los mirara desde el otro lado del texto. Como si la historia, en lugar de avanzar, los estuviera esperando. Una noche, alguien leyó en voz alta un fragmento nuevo.
—Intento salir, pero cada puerta da a otra página — Y cerró el libro. Desde entonces, nadie ha querido terminarlo. Y, sin embargo, de vez en cuando, aparece una línea más como si él siguiera escribiendo, esperando que alguien, al leerlo, encuentre la forma de sacarlo de allí.
Etiquetas: cuentos de domingo, cuentos diminutos
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