Colapsos

14.4.26


El mundo ya ha colapsado varias veces. A veces por la guerra, a veces por la peste, a veces por el hambre, a veces por la naturaleza cuando decide recordar su fuerza. Pero ningún mundo cae por una sola causa. Toda ruina es coral. Los colapsos no empiezan cuando cae la primera bomba ni cuando falta el primer pan. Empiezan antes, cuando la escasez se vuelve costumbre, el miedo método, la desigualdad ley y la desconfianza clima. Una civilización empieza a pudrirse cuando deja de creer en lo común. No soy pesimista y solo procuro no mentirme ni rendirme. Hay una distancia cada vez más feroz entre lo que somos y lo que fabricamos. La biología camina; la tecnología se precipita. Nuestro cuerpo sigue teniendo la edad del temblor, pero nuestras máquinas ya tienen la velocidad del vértigo. A esa fractura la llaman retraso genómico. En realidad, también podría llamarse soberbia. Hoy coinciden demasiadas amenazas: calentamiento global, superpoblación, crisis energética, autoritarismos, obscenidad de la riqueza y crecimiento exponencial de la inteligencia artificial. Todo ello cae sobre el mismo suelo agrietado, la escasez, el miedo, la desigualdad y la pérdida de confianza. No hace falta anunciar el apocalipsis, basta con saber leer las fisuras porque un mundo no se hunde por un golpe definitivo, sino por la suma de sus negligencias. Cae cuando una grieta encuentra otra grieta y ambas aprenden a llamarse destino. El desastre no siempre irrumpe, a veces tan solo prospera.


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