Frutos del tiempo
30.4.26
Virtual realidad
28.4.26
Etiquetas: análisis, comentario, realidad
Bailora
26.4.26
Acabó en comisaría para denunciar que le habían quitado lo bailao. El agente levantó la vista con desgana.
—¿Cómo dice?
—Que me lo han quitado —insistió ella—. Todo. Hasta el último paso.
No llevaba pruebas, pero sí una certeza: las piernas le pesaban como si nunca hubieran aprendido nada. Intentó demostrarlo allí mismo, en medio del pasillo, pero sus pies apenas supieron dudar.
—Antes bailaba —dijo—. Y ahora no queda ni el recuerdo.
El agente anotó algo que no escribió.
—¿Cuándo ocurrió?
Ella pensó.
—Anoche… o hace años. No lo sé. Pero alguien se lo está llevando.
En la sala de espera, un hombre mayor tarareaba una música inexistente. Sus dedos marcaban el ritmo sobre el bastón con una precisión sospechosa. Ella lo miró fijamente. Se acercó despacio.
—Disculpe —dijo—, ¿de dónde ha sacado ese compás?
El hombre sonrió, como quien no debe nada a nadie. Y por un instante, muy breve, sus pies recordaron pero ya no eran suyos.
Etiquetas: cuentos de domingo, cuentos diminutos
Los besos
25.4.26
Etiquetas: análisis, beso, comentario
Arreglos
24.4.26
Lo importante no es enfrentar las discrepancias sino avenir las coincidencias.
Etiquetas: análisis, coincidencias, comentario, discrepancia
Día de quienes leen
23.4.26
Etiquetas: análisis, comentario, Día del libro, lector
Dimensionados
22.4.26
Etiquetas: aforismo, ingenuidad
Lo mío
21.4.26
Etiquetas: análisis, comentario, reflexión
Sin regreso
19.4.26
Etiquetas: cuentos de domingo, cuentos diminutos
Solturas
16.4.26
Colapsos
14.4.26
Etiquetas: análisis, colapso, comentario, reflexión
Pequeño manifiesto literario
13.4.26
No escribo para complacer ni para ser comprendido del todo.
Escribo para llevarme al límite de mi propia extrañeza.
La literatura, para mí, no es ornamento ni obediencia: es una forma de desajustar el mundo, de descoser las costuras del lenguaje, de poner en duda sus peajes y sus domesticaciones.
No me inquieta la invisibilidad ni el abandono.
Tampoco el escaso aprecio.
Sé que el tiempo pesa, desgasta, aparta, y que la atención es un territorio inestable.
Lo que importa es otra cosa: explorar las fronteras de lo conocido, tensar la estética hasta donde todavía respire, hacer de la escritura no una residencia cómoda, sino una intemperie.
No aspiro a la permanencia.
Aspiro al temblor.
A esa forma de verdad que solo aparece cuando el lenguaje deja de obedecer del todo.
Escribir es crear y recrear sin descanso.
Perder forma para encontrar otra.
Desconcertarse primero a uno mismo.
Y solo después, quizá, a los demás.
Caperucita feroz
12.4.26
Etiquetas: cuentos de domingo, cuentos diminutos