Los besos
25.4.26
Hay una forma del tiempo que no miden los relojes. No avanza por horas ni por fechas sino por intensidades. A veces basta un beso para alterar su curso, para dejar en la existencia una señal más honda que muchos años vividos sin temblor. Los besos no duran lo que duran porque permanecen de otro modo, en una memoria del cuerpo que ninguna razón consigue borrar del todo. Cada beso dado y cada beso recibido abre una pequeña herida en el tiempo. Un arañazo pero también una inscripción ya que besar no es solo rozar unos labios, es arrancarle al instante algo de su fugacidad, obligarlo a quedarse en nosotros como una brasa secreta. Hay besos que se olvidan y besos que, aun perdidos, siguen respirando en alguna parte del alma. Quizá por eso el corazón no envejece solo con los años sino también con aquello que lo marca y lo preserva, y cada beso lo expone pero al mismo tiempo lo salva de la completa desaparición. Lo vuelve vulnerable y también más duradero. El amor no vence al tiempo pero lo araña.
Etiquetas: análisis, beso, comentario
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
0 apostillas:
Publicar un comentario