Bailora

26.4.26

Acabó en comisaría para denunciar que le habían quitado lo bailao. El agente levantó la vista con desgana.
—¿Cómo dice?
—Que me lo han quitado —insistió ella—. Todo. Hasta el último paso.
No llevaba pruebas, pero sí una certeza: las piernas le pesaban como si nunca hubieran aprendido nada. Intentó demostrarlo allí mismo, en medio del pasillo, pero sus pies apenas supieron dudar.
—Antes bailaba —dijo—. Y ahora no queda ni el recuerdo.
El agente anotó algo que no escribió.
—¿Cuándo ocurrió?
Ella pensó.
—Anoche… o hace años. No lo sé. Pero alguien se lo está llevando.
En la sala de espera, un hombre mayor tarareaba una música inexistente. Sus dedos marcaban el ritmo sobre el bastón con una precisión sospechosa. Ella lo miró fijamente. Se acercó despacio.
—Disculpe —dijo—, ¿de dónde ha sacado ese compás?
El hombre sonrió, como quien no debe nada a nadie. Y por un instante, muy breve, sus pies recordaron pero ya no eran suyos.



0 apostillas: