El violín del pasillo
3.11.26
Cada tarde, en el pasillo que une dos líneas de metro, un hombre toca el violín. Pasan cientos de personas con los auriculares puestos, con prisa, con la vista en el teléfono. Alguno echa una moneda sin mirar. La música rebota en los azulejos y se pierde en las escaleras mecánicas. Un martes, una mujer se detuvo. No echó nada. Se quedó hasta el final de la pieza, con los ojos cerrados, y luego le dijo cómo se llamaba lo que acababa de tocar y que su padre la silbaba al afeitarse. Él siguió tocando al día siguiente, igual que siempre, para los mismos cientos que no se paraban, pero ya no tocaba para nadie.
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