Línea de costa

5.11.26


Nunca he sido una zona de confort, nunca un territorio con las fronteras estables, nunca algo que se parezca a sí mismo. La infidelidad a mi camino ha sido la fidelidad de mis pasos. Estoy en la transición de las cosas y del mundo que ocurre a cada momento: no en un lugar, sino en el paso de uno a otro, en ese instante en que el pie se ha levantado y todavía no ha tocado el suelo. Me ocurre como a la línea de costa, que nadie ha conseguido medir del todo: cuanto más pequeña es la regla, más larga resulta, y cada marea la dibuja de nuevo. Y, sin embargo, quien la mira desde lejos la reconoce. Tal vez lo único que permanece en mí sea la manera de cambiar.


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