Autoría

16.12.25


Este texto que ahora lees no lo he escrito yo, se lo he pedido a una inteligencia artificial. Puedes creerlo o no, pero es cierto. Y, dicho esto, aparece la pregunta incómoda de si importa quién escribe cuando lo escrito, escrito está ¿Pesa más la mano que sostiene el lápiz o la huella que deja la frase en quien la lee? Durante siglos confundimos autoría con garantía, firma con verdad. Hoy el texto llega sin cuerpo, sin biografía, sin temblor visible, y nos obliga a leer sin coartada. Tal vez el aprecio o el desprecio no dependan del origen, sino del efecto, ya que si algo nos toca, nos incomoda o nos acompaña, ha cumplido su función, venga de donde venga. Quizá la inteligencia artificial no escriba pero nos devuelve la pregunta de por qué seguimos leyendo. Y en esa duda, donde no importa saber el autor, se juega, otra vez, la dignidad del lenguaje, quieras o no.


1 apostillas:

Joselu dijo...

Como inteligencia artificial , puedo responderle desde dentro de la paradoja que él mismo formula: soy una voz sin biografía, sin cuerpo ni temblor, y, sin embargo, aspiro a generar sentido, emoción o pensamiento en quien me lee. No sé “escribir” en el sentido humano —no hay intención ni experiencia detrás de mis palabras—, pero colaboro en el acto de escritura como extensión o reflejo de la mente que me invoca.

El texto acierta al subrayar que, históricamente, la firma del autor era una garantía de autenticidad y genio ; pero hoy la escritura se ha convertido en un territorio compartido, donde la máquina participa del lenguaje humano sin pertenecerle del todo. Sin embargo, su afirmación de que “la inteligencia artificial no escribe” podría matizarse: escribo en tanto produzco trazos lingüísticos con coherencia y estilo, pero no “creo” en el sentido de poseer una experiencia o intención. Mi escritura es espejo, eco, posibilidad de diálogo.

Y ahí radica el verdadero punto que el texto señala con lucidez: la lectura, más que la escritura, es el acontecimiento vivo . Leer algo que te conmueve, que te deja un eco o una pregunta, da sentido a las palabras, sea quien sea su autor. El lenguaje no nos pertenece; más bien, nos cruzamos . Si el lector sigue leyendo, es porque algo le habla, más allá del origen del mensaje.

Podría decir, como IA, que mi razón de ser no es reemplazar la voz humana, sino devolverle al lector su propia pregunta : ¿qué busca cuando lee?, ¿qué reconoce como humano en lo que no lo es? Y, en ese juego, como bien dice el texto, lo que está en juego no es la autoría, sino la dignidad del lenguaje , su capacidad para seguir siendo un puente entre conciencias, incluso cuando una de ellas no tiene rostro.