Tinieblas

14.12.25


«Para qué quiero la luz. Me sé la casa de memoria». Me dijo antes de desaparecer en la oscuridad. Lo escuché avanzar con la seguridad de quien camina por un mapa íntimo, pero pronto el silencio se volvió tan denso que ya no pude distinguir si seguía allí o si la negrura se lo había tragado entero. Lo llamé por su nombre y la oscuridad respondió con un eco extraño, como si repitiera mis palabras desde un lugar que no pertenecía a la casa sino a algo más profundo, un sótano sin paredes ni suelo donde solo cabía la certeza de que, al apagar la luz, uno también apaga una parte de sí mismo.


2 apostillas:

Manuela Fernández dijo...

La oscuridad pueder ser tan peligrosa como la instrospección personal.
SAludos.

Joselu dijo...

Un microcuento magnífico sobre los peligros de creerse demasiado familiarizado con la oscuridad. El protagonista, tan confiado en su “mapa íntimo”, termina de excursión al inframundo doméstico. Moraleja: nunca des por aprendida tu casa si no has tenido antes una cita con los muebles, la linterna y tus miedos interiores.