El abrazo

28.11.25


La soledad es el único patrimonio que no se hereda ni se dona: cada quien nace con su celda. No es pena, sino condición. El error está en buscar quien la rompa; la sabiduría, en quien se siente en ella contigo.

El abrazo no disuelve la soledad, la nomina. Es el gesto que dice reconozco tu celda, y entro como huésped, no como carcelero. No comparte la pena, sino el terreno cuando dos aislamientos que se vuelven confín uno del otro.

Por eso el abrazo verdadero es silencio, no promesa. No dice ya no estarás solo sino estarás solo, pero conmigo. Reconciliarnos con la soledad ajena es el único amor que no miente porque no cura la condición, la atestigua. Y en ese testimonio, la soledad deja de ser presidio para ser relación.


2 apostillas:

Manuela Fernández dijo...

No todos los abrazos eliminan la soledad, pero lo que sí hacen es aliviarla.
SAludos.

Joselu dijo...

Enfrente de mi edificio hay una casa en cuyo tercer piso vive un hombre de unos setenta años al que veo siempre solo. A veces mira la calle durante un rato para volverse a meter en la soledad de su casa. Nunca he visto una visita. Lo veo y pienso en irme a su casa, llamar al portero electrónico y subir con una botella de vino tinto e invitarle como vecino a tomárnosla, pero temo que sea una intromisión en su soledad y nos condicione en adelante sin saber bien si tenemos algo que decirnos porque no sé nada de él. Me siento solidario de su soledad, pero no me atrevo a hacer nada porque una vez dado el paso sería evidente de que yo era testigo de ella.