Coral
29.11.25
La inteligencia artificial no nace de una sola mano ni responde a una sola voluntad. Es el resultado de muchas voces que investigan, programan, etiquetan datos, diseñan interfaces, la usan y, sobre todo, la alimentan con lenguaje, preguntas y criterios. Cada uno aporta una nota, unas veces mínima y otras decisiva, en una composición que ningún individuo podría firmar en solitario.
Incluso cuando parece que una IA habla como una unidad, lo hace desde un fondo plural que no es otro que el de las bibliotecas, los errores, las intuiciones colectivas, los sesgos heredados y las sucesivas correcciones. Es más un coro que una batuta, es una armonía hecha de sumas, tensiones y ajustes.
Si algo se le parece, quizá sea una catedral trabajada durante siglos con manos anónimas que colocan piedras distintas hacia un mismo cielo. No hay un autor único, sino una obra en progresión, sostenida por todos los que la piensan, la construyen y la interrogan. Y en esa coralidad está también su límite y su promesa.
Etiquetas: análisis, comentario, IA, inteligencia artificial, reflexión
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