Trabajaba concentrado el alquimista en los cuatro humores del comportamiento humano. La bilis negra para la melancolía; la bilis amarilla para la cólera; la bilis roja para el comportamiento sanguíneo; y la blanca para la flema. En ese momento fue interrumpido por un sagaz aprendiz, aquejado de curiosidad, que se acercó a interrogarlo.
–Maestro puede el ser humano alcanzar la invisibilidad.
– Sí, puede.
–¿Cómo ha de ser para que la materia pierda su aspecto sensorial?
–No llames la atención. No te distingas del resto de la gente. Te harás volátil como la quintaesencia.