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Contraseñas

16.12.14



—¿Es usted un animal político, señor Galeano?
—La palabra política se ha manoseado tanto que significa todo y no significa nada. Entonces desconfío mucho de la etiqueta política.
—La injusticia parece la regla de conducta humana más persistente.
—El código moral del fin del milenio no condena la injusticia, sino el fracaso.
—Fracasamos para cambiar.
—Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos.
—Somos poca cosa de mañana.
—Hay un único lugar donde ayer y hoy se encuentran y se reconocen y se abrazan. Ese lugar es mañana.
—Solo hay mañana para los que dan limosna.
—La caridad es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba; la solidaridad es horizontal e implica respeto mutuo.
—Y qué me dice de los soñadores.
—Como dijo mi amigo, el cineasta Fernando Birri: «La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar».
—O para andar por un mundo de locos.
—Habitamos un mundo al revés por la sencilla razón de que es un mundo que recompensa la especulación y castiga el trabajo. Entonces es un mundo al revés porque recompensa al revés, recompensa lo que debería castigar y castiga lo que debería recompensar.
—Es el signo de los tiempos y de la infelicidad.
—El automóvil, el televisor, el vídeo, la computadora personal, el teléfono celular y demás contraseñas de la felicidad, máquinas nacidas para ‘ganar tiempo’ o para ‘pasar el tiempo’, se apoderan del tiempo.






Terraza al mar

31.7.12




—Hay una hermosa vista desde aquí para perderse en el horizonte.
Como dijo mi amigo, el cineasta Fernando Birri: «La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar».
—¿Qué te apetece Eduardo? Yo voy a tomar un té porque como dijo Okakura Kakuzō, el té carece de la arrogancia del vino, del individualismo consciente del café, de la inocencia sonriente del cacao.
—Sociedad de consumo. Prodigioso envase lleno de nada. Invención de alto valor científico, que permite suprimir las necesidades reales, mediante la oportuna imposición de necesidades artificiales.
—El progreso tiene un precio.
—El desarrollo desarrolla la desigualdad.
—Y la frustración.
—El código moral del fin del milenio no condena la injusticia, sino el fracaso.
—En cambio pocos se resisten a ese juego.
—Estamos en plena cultura del envase. El contrato de matrimonio importa más que el amor, el funeral más que el muerto, la ropa más que el cuerpo y la misa más que Dios.
─Hablando de deidades, la religión como el capitalismo tienen como método común la especulación.
─Como Dios, el capitalismo tiene la mejor opinión sobre sí mismo, y no duda de su propia eternidad.
—Siempre nos quedará la caridad cristiana.
—A diferencia de la solidaridad, que es horizontal y se ejerce de igual a igual, la caridad se practica de arriba-abajo, humilla a quien la recibe y jamás altera ni un poquito las relaciones de poder.
—La gente tiene miedo y antes de rebelarse prefiere llorar para que le den.
—Quien no está preso de la necesidad, está preso del miedo: unos no duermen por la ansiedad de tener las cosas que no tienen, y otros no duermen por el pánico de perder las cosas que tienen.
—Más que personas somos contribuidores, más que ciudadanos somos consumidores para lo que nos han educado.
—La cultura de consumo, cultura del desvínculo, nos adiestra para creer que las cosas ocurren porque sí.
—O te enemistas con el que manda.
—¿No tienes enemigos? ¿Cómo que no? ¿Es que jamás dijiste la verdad, ni jamás amaste la justicia.
—O jamás te vendiste a algún precio.
—Con el dinero ocurre al revés que con las personas: cuanto más libre, peor.
—¿No es un libre mercado donde vivimos?
—En el mercado libre es natural la victoria del fuerte y legítima la aniquilación del débil. Así se eleva el racismo a la categoría de doctrina económica.
—Esta polarización del poder nos está matando.
—El poder es como un violín. Se toma con la izquierda y se toca con la derecha.
—Entonces necesitamos un verdadero cambio.
—Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos.