Terraza al mar

31.7.12




—Hay una hermosa vista desde aquí para perderse en el horizonte.
—La utopía está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se desplaza diez pasos más allá. Por mucho que camine, nunca la alcanzaré. Entonces, ¿para qué sirve la utopía? Para eso: sirve para caminar.
—¿Qué te apetece Eduardo? Yo voy a tomar un té porque como dijo Okakura Kakuzō, el té carece de la arrogancia del vino, del individualismo consciente del café, de la inocencia sonriente del cacao.
—Sociedad de consumo. Prodigioso envase lleno de nada. Invención de alto valor científico, que permite suprimir las necesidades reales, mediante la oportuna imposición de necesidades artificiales.
—El progreso tiene un precio.
—El desarrollo desarrolla la desigualdad.
—Y la frustración.
—El código moral del fin del milenio no condena la injusticia, sino el fracaso.
—En cambio pocos se resisten a ese juego.
—Estamos en plena cultura del envase. El contrato de matrimonio importa más que el amor, el funeral más que el muerto, la ropa más que el cuerpo y la misa más que Dios.
─Hablando de deidades, la religión como el capitalismo tienen como método común la especulación.
─Como Dios, el capitalismo tiene la mejor opinión sobre sí mismo, y no duda de su propia eternidad.
—Siempre nos quedará la caridad cristiana.
—A diferencia de la solidaridad, que es horizontal y se ejerce de igual a igual, la caridad se practica de arriba-abajo, humilla a quien la recibe y jamás altera ni un poquito las relaciones de poder.
—La gente tiene miedo y antes de rebelarse prefiere llorar para que le den.
—Quien no está preso de la necesidad, está preso del miedo: unos no duermen por la ansiedad de tener las cosas que no tienen, y otros no duermen por el pánico de perder las cosas que tienen.
—Más que personas somos contribuidores, más que ciudadanos somos consumidores para lo que nos han educado.
—La cultura de consumo, cultura del desvínculo, nos adiestra para creer que las cosas ocurren porque sí.
—O te enemistas con el que manda.
—¿No tienes enemigos? ¿Cómo que no? ¿Es que jamás dijiste la verdad, ni jamás amaste la justicia.
—O jamás te vendiste a algún precio.
—Con el dinero ocurre al revés que con las personas: cuanto más libre, peor.
—¿No es un libre mercado donde vivimos?
—En el mercado libre es natural la victoria del fuerte y legítima la aniquilación del débil. Así se eleva el racismo a la categoría de doctrina económica.
—Esta polarización del poder nos está matando.
—El poder es como un violín. Se toma con la izquierda y se toca con la derecha.
—Entonces necesitamos un verdadero cambio.
—Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos.



1 apostillas:

Juan Poz dijo...

Nunca he soportado los simulacros de catequesis, desde que asistí, desconcertado, a la que me preparó para la primera hostia que me dieron. Del maniqueísmo sólo me quedó el gusto por el incienso, pero soy refractario a la homilética, porque ambas son una, la religiosa y la laica. El progresismo acrítico es Dios y Galeano su profeta. Hermoso ejemplar, además, vive dios...