Seres emocionales

5.2.19



Razonamos para poder afirmar o negar nuestras emociones.



4 apostillas:

Joselu dijo...

Efectivamente, las más recientes aportaciones de la Neurociencia sostienen que somos preferentemente seres emocionales, que aprendemos a través de emociones, que nuestras motivaciones son esencialmente emocionales. Por eso es tan difícil convencer a alguien de algo: no solo nos enfrentamos por frías razones intelectuales sino que fundamentalmente estamos ligados e emociones subyacentes. En cualquier debate sobre política, historia, actualidad, predominan las emociones, por lo que es casi imposible ponerse de acuerdo sin consensuar una emoción básica que sirva de referente. La película de la factoría Disney Inside out, mucho más profunda de lo que pudiera parecer, ponía el dedo en la llaga al subrayar el componente emocional de todos nuestros sentimientos, razonamientos, conducta... El comunismo o el fascismo son emociones, Dios es una emoción, nuestra percepción de la identidad son ilación de emociones conflictivas. El cerebro no deja de general emociones que lo configuran ante las que reaccionamos positiva o negativamente. De ahí, el factor adictivo de las redes sociales con los botones emocionales de "me gusta": parece algo sencillo y esquemático pero así es nuestro cerebro emocional. Funcionamos a través de estímulos emocionales, son los que nos hacen vivir, sentir, juzgar, amar... De hecho, las personas nos atraen emocionalmente, compartimos con ellas más emociones que argumentos, aunque creamos que estos son más relevantes. Nos preguntamos si algún día, fuera de los algoritmos, la Inteligencia Artificial podrá sentir emociones: nos atraen los androides de Blade Runner porque las sentían, no querían morir. La muerte es la extinción brusca y definitiva de las emociones. Tal vez por eso no nos gusta y nos produce espanto.

francisco m. ortega dijo...

Morir no es otra cosa que quedarse sin palabras.

Juan Poz dijo...

Es al cuerpo, Joselu, al que no le gusta o le produce espanto la muerte. A quien vive en el cuerpo y según cómo se viva en él, la muerte se le presenta, a veces, como una bendición. Es innegable el poder casi omnímodo de las emociones, pero no olvidemos que Sartre las definía como "una brusca caída en lo mágico", es decir, en el terreno de lo inefable y lo inexplicable. La denostada razón de nuestros días, sin embargo, lleva mucho tiempo luchando por marcar distancias con las emociones, de modo que podamos formar razonamientos lógicos que tengan congruencia y efectividad práctica, porque no hay otra vía para poder organizarnos socialmente que esta. La ley, de hecho, es la solidificación de esos consensos lógicos en torno a razonamientos que excluyen, o lo pretenden, la emoción. Por supuesto que las emociones influyen en nuestros razonamientos, pero, como quería Husserl, hay que ponerlas "entre paréntesis" para poder analizar el fenómeno, lo dado, la realidad, sin su contagio.

Juan Poz dijo...

Francisco, hay muertos cuyas palabras no se acaban nunca, porque todos volvemos, generación tras generación, sobre ellas y les arrancamos significados o matices distintos...