Instrucciones y consejos anfibiológicos para el cambio de hora
Es preciso tener a mano unos guantes de látex. La operación necesita de una precisión quirúrgica y toda la asepsia posible.
Es ineludible precalentar las manos. Para ello se frotarán la punta de los dedos que garantice una máxima sensibilidad a la hora de proceder al cambio de hora.
Se aconseja comer de manera apropiada, beber mucha agua y mantenerse físicamente activo hasta el momento de la ejecución.
Adviértase, entonces, cómo entre las dos y las tres de la madrugada, la velocidad del tiempo es tal que una hora pasa en un momento sin que por ello se trate de un espejismo.
No hay que dejarse atrapar por el pánico al saber que se ha perdido una hora. En caso contrario podría derivar en una crisis de ansiedad no deseable a nadie.
Pensar lo insalubre que podría haber sido ese tiempo de haber existido.
Guardar un reloj con la hora antigua para imaginar que anticipamos nuestras acciones.

5 apostillas:
At sábado, marzo 24, 2007 5:54:00 AM,
noemi said…
Y qué tal cuando te dicen: "te voy a poner una llama en la punta del dedo, sólo va a durar el acto como 25 segundos". Con eso puedes vivir en ese lapso, aquélla hora que se te escapó en vivencias.
At sábado, marzo 24, 2007 10:48:00 AM,
m. said…
esa hora que perdemos la podríamos dedicar a hacer todo lo que nunca nos atreveríamos hacer...
y como todo lo bueno, duraría poco!
At sábado, marzo 24, 2007 11:12:00 AM,
Jonás said…
No deja de ser un momento misterioso como recreas en tu post. Me produce, como dices, una intensa ansiedad, equivalente al momento jubiloso en que en el otoño tengo la capacidad de anular una hora que ya ha pasado, lo que todavía es más fascinante.
At sábado, marzo 24, 2007 5:04:00 PM,
amoremachine said…
(...)
Los que no tenemos reloj,
o lo tenemos pero no lo usamos,
pasamos las horas muertas pensando
en los minutos perdidos
buscando los segundos pasados
esperando con tiempo al tiempo.
Una vez leí que el tiempo
es una magnitud física
que mide la duración de las cosas
Sujetas a cambio, esto es, el lapso que transcurre
entre dos eventos consecutivos
que se mide de un pasado hacía un futuro,
pasando por el presente.
Que enrevesadas son las cosas,
que absurdo todo, que difícil es lo que somos pasando
por lo que fuimos pensando en lo que queríamos ser;
buscando un sí mismo y esperando
un nosotros.
Pasado, presente y futuro
todo un principio de casualida
(...)
tus
textos siguen despejando
cualquier nariz resfríada
saludos amigo Fco.
At domingo, marzo 25, 2007 5:39:00 PM,
Me gusta la gasolina said…
dímelo a mí, que insisto desde hace años en coleccionar relojes... analógicos, digitales, de pulsera, de bolsillo, de pared, despertadores, con cifras en árabe, con rarezas... ai!
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