La mañana
9.10.26
La mañana pasa ligera, con ese aire de quien tiene tiempo para todo y, sin embargo, nunca se queda. Entra en casa, descorre las cortinas, pone claridad sobre los muebles y enseguida se ocupa de sus cosas. Apenas la oímos. Anda entre nosotros con los pies descalzos mientras limpiamos, trabajamos, preparamos la comida. Nos presta sus horas y nosotros las vamos convirtiendo en una mesa despejada, una tarea resuelta, el olor que empieza a salir de una olla. Parece tranquila. Nadie diría que lleva tanta prisa. Deja un poco de sol en el suelo, se demora en el borde de un vaso, nos toca las manos cuando las acercamos al agua. Y mientras creemos tenerla entera por delante, ella va recogiendo su luz de las habitaciones. Hasta que levantamos la vista y vemos cómo se ha ido, ligera como el pájaro que alza el vuelo, sin un resuello. Queda un temblor de claridad donde estuvo. Quedan las cosas que se fueron haciendo, cada una con un poco de su tiempo dentro: la ropa tendida, el trabajo terminado, la comida dispuesta. En esos pequeños quehaceres gastó su cuerpo la mañana. Quizá por eso cuesta decir adónde se marchó. La buscamos en el reloj, pero algo suyo humea todavía en los platos. Nos sentamos a comer y, sin saberlo, nos llevamos a la boca su última hora. Mañana: la que se va haciendo nuestra vida mientras parece que pasa.
Etiquetas: comentario, mañana
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2 apostillas:
Delicioso.
Gracias. Saludos
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