La curvatura de la Tierra

24.11.25


Descubrir que este planeta era curvo me costó noches de insomnio infantil. Pensar que había gente bocabajo sin caerse al vacío y admitir, demasiado pronto, la ilógica adulta. Uno crece aprendiendo que el mundo no encaja en la geometría de nuestros miedos.

Hoy acepto, sin más, que el universo es curvado, finito e ilimitado, una paradoja que no inquieta, porque ya no busco comprenderlo, sino apenas acompañarlo. Sé que la materia se dobla, que el espacio se hunde sobre sí mismo, que nada es recto salvo nuestra necesidad de orden.

Y también acepto que un día este globo terráqueo puede estallar, no sólo porque lo advirtiera Stephen Hawking, sino porque la fragilidad es quizá su destino cierto, el de una esfera minúscula suspendida en un abismo que no promete nada.

La curvatura de la Tierra ya no me quita el sueño. Lo que me asombra ahora es que sigamos aquí, aferrados a este punto ínfimo del Universo, como si lo infinito necesitara testigos.


1 apostillas:

Joselu dijo...

Solo queda la sensación de maravilla ante el prodigio del universo del que comprendemos solamente una brizna. Alguien escribió que para que la vida en la tierra, tal como la conocemos, existiera, sería algo así como el viaje de un viajero a través del mundo dando la vuelta al globo, que compraría un billete de lotería en cada una de los cientos de ciudades que visitaría, y que, increíblemente, en todas ellas ganaría el premio gordo. O poner a mil monos ante máquinas de escribir, tecleando sin parar, esperando que en cien mil años alguno compusiera la Divina Comedia.