Flechas vivas

20.4.10



—Los hijos son el fracaso de nuestro tiempo —dijo mientras tomaba un café en un terraza de verano.
—Adónde quieres llegar con lo que acabas de decir —preguntó incómodo.
—Pienso que reflejamos en ellos toda nuestra carga de realidad que es frustrante en lo personal, displicente en lo ético, dispersa en intereses y saturada en información. Algo que nos lleva a ser contradictorios.
—Les damos lo que podemos en espera de que se conviertan en personas de bien.
—Más de lo que necesitan y mucho más de lo que aprecian. Nadan en la abundancia del capricho y en la sobreprotección prolija.
—Es para que alcancen cotas a las que nosotros soñamos llegar.
—No es cuestión de exigirles nada. Apenas que no rompan los lazos del afecto. El resto es cosa suya. Recuerda lo que dijo el poeta que somos el arco del cual los hijos son lanzados como ‘flechas vivas’.



13 apostillas:

María dijo...

Pues casi, que mejor hable el poeta:

"Tus hijos no son tus hijos, son hijos-hijas de la vida deseosa de sí misma.
No vienen de ti sino a través de ti y, aunque contigo, no te pertenecen.
Puedes (y debes) darles tu amor, pero no tus pensamientos, pues ellos tienen sus propios pensamientos.
Puedes abrigar sus cuerpos, pero no sus almas porque ellas viven en la casa del mañana..., que no puedes visitar ni siquiera en sueños.
Puedes esforzarte en ser como ellos, pero no intentes hacerlos semejantes a ti.
Porque la vida no retrocede, ni siquiera se detiene en el ayer.
Tú eres el arco del cual tus hijos, como flechas vivas son lanzados.
Deja que la inclinación, en tu mano de arquero, sea para la alegría."

Khalil Gibran (El Profeta).

Muchos besos y feliz noche.

Rose Kavalah dijo...

Precioso Francisco. Y María, lo de Khalil es fráncamente bueno, gracias por la aportación.

un saludo

V a v o dijo...

yo hasta ahora lo que más he sido es hijo, segun el profeta, flecha y puede que si pues a unos cuantos he herido.
Aunque creo mas que los arcos engendran arcos y las flechas flechas.

Joselu dijo...

Es una hermosa experiencia ser padre sea uno el arco o no, esperando sobre todo que las flechas sean buenas personas de buen corazón y que su blanco sea el infinito.

Javier dijo...

Más allá del siempre recurrente instinto de la especie, que nos impele al apareamiento con no sé qué finalidad de supervivencia, los hijos son fruto del egoísmo de padres que ansían verse en ellos como un día, ya lejano, desearon ser. Y otro lado más oscuro pero de mayor verosimilitud serían esos hijos nacidos como soporte y sustento de la vejez de sus padres...


Un abrazo.

Juan Poz dijo...

"los hijos son fruto del egoísmo de padres que ansían verse en ellos como un día, ya lejano, desearon ser".
No sé si tienes hijos, Javier, porque muy a menudo solemos pontificar desde la ausencia de la experiencia y dominados por los prejuicios; pero te puedo asegurar que, como padre que soy,nada me asusta y horroriza más que el planteamiento que tú señalas. Incluso me atrevería a decir, sin negar que ese egoísmo pueda mover algunas paternidades y maternidades, que es la generosidad la raíz de otras, y en particcular de la mía.
Para prolongarme, nada mejor que la clonación, desde luego, y no veo mal que tal cosa pudiera ser legal. Y aun así, probablemente no tendría conciencia de ser la continuidad del otro que fui.
Un hijo es siempre la otredad, jamas una versión de la mismidad, y la mejor pauta de educación no es nunca criarlos "a nuestra imagen y seejanza", sino en la búsqueda permanente de su propio ser autónomo. En la paternidad, sigo hablando de mí, hay muy poco de idealismo y nucho de realismo, e incluso de "realismo sucio", aquella categoría que puso de moda Raymond Carver, y exige más condición de guardiacivil que de poeta ensoñador.

Miquel dijo...

Al igual que Joselu apunta a la experiencia de ser padre; yo defiendo la de ser hijo.
Muy bonita experiencia la de ser hijo, sentirse lanzado hacia lo más alto y remontar cielo arriba.
Y aunque muchas veces te das cuenta de que la dirección por la que te impulsan o te vedan no es la deseable, es admirable que una persona sea capaz de tensarse toda para ser capaz de llevar a otra hasta lo alto.
Eso si que es altruismo.

Yo veo en la paternidad poco egoísmo, hasta aquellos que pretenden que sus hijos sean lo que ellos no fueron; tal vez con un planteamiento erróneo, sólo buscan lanzarlos hacia lo que consideran las más altas cotas.

El futuro bloguero dijo...

Ese libro de Kalil Galbraith es genial,de hecho mi amigo Lateral Zurdo, tiene un post que se titula así, los hijos son flechas...

A mi me gusta mucho un proberbio japonés que dice

A los hijos solo hay que darles dos cosas... raíces y alas.

Abrazos para ti y los lectores de tu blog

Isabel G.A. dijo...

En la paternidad hay mucho, muchísimo, de inconsciencia. Lo sabemos bien quienes hemos elegido como profesión dar alas y hasta raíces...no conocía el proverbio,nunca me lo había planteado así.

Le0 dijo...

Gigante el autor y así es, los padres inculcan a sus hijos todo lo que ellos piensan que es mejor, respecto a su forma de ver las cosas, de manera tal que en la mayoria de los casos los hijos triunfan en lo que los padres fracasaron, eso no convierte a los hijos en mejor persona que los padres, sino que los padres pierden un punto al querer encaminar el triunfo de sus hijos.

Javier dijo...

Te dignifica, Juan, la postura vital que has asumido. No tengo hijos, y ello por voluntad expresa y consciente tanto de mi mujer como mía. Tienes razón, carezco del privilegio empírico de la paternidad, y por lo tanto admito que puedo no saber de qué hablo. Pero hablo, como de tantas cosas, y en esta no veo especial veto como no sea el de la referida falta de conocimiento.

No tengo hijos, pero he tenido la obligación, y en ocasiones el placer también, de educar a los de otros, tanto por parentesco como por profesión. No es lo mismo, lo sé aun sin saberlo, porque, ¿cómo podría saberlo si no los tengo? ¿Cómo puede saber nadie el dolor que se siente al morir una madre si no se ha muerto?

Nadie enseña a ser padre, de la misma forma que nadie enseña a vivir. Por eso unos viven mejor que otros, y unos padres son mejor padres que otros. Y aunque hay loables casos de entrega y amor, tengo, a tenor de lo que sé, que seguir manteniendo la idea de que subyace un primitivo instinto ancestral en la procreación, y un latente y pocas veces admitido deseo de superación y sentimiento de desamparo entremezclados.

Tener descendencia no es sólo un factor biológico.

Juan, nuestra experiencia marca nuestro pensamiento y lo define, aunque sean experiencias erróneas.

Un abrazo.

Juan Poz dijo...

En mi caso, Javier, ha sido el pensamiento el que ha marcado la experiencia, de ahí que esté más que de acuerdo contigo en que la descendencia no es una cuestión exclusivamente biológica, sino que requiere un plus que le dé sentido "humano". Con todo, mi fervor por la "razón vital" de María Zambrano procede del vitalismo que he experimentado desde niño, aunque hay otras maneras de vivir la vida, e incluso de morir la vida. Finalmente, mi libro de cabecera para la eduación de los hijos ha sido "No existen los padres perfectos", de Bruno Bettelheim.

Cervecerix dijo...

Un hijo no deja de ser un cachorro. Igual que te quieres un perro o un gato. Los crias de pequeños y algo te dice que son importantes. Si los hijos salieran ya adolescentes ¡¡quiém coño los querría!!