Ola de calor

7.7.07




A Isabel y Pablo les sobrevino un problema con la ola de calor: los niños se les derretían como una bola de helado en el Sahara.
–Qué hacemos con los niños en verano –exteriorizó Pablo.
–Meterlos en el congelador del frigorífico y sacarlos en septiembre –resolvió Isabel.
Dicho y hecho. Los pequeños fueron trasladados a la cámara frigorífica y allí quedaron almacenados entre los calamares a la romana, las alitas de pollo, los aros de cebolla y la tarta al güisqui.
Ese fue el verano más feliz para Isabel y Pablo desde que ambos descubrieron, hacía algunos años, que la luna llena de agosto argentea las arenas de las playas para convertirlas en fecundos lechos amorosos. Viajaron al extranjero, visitaron a los amigos, frecuentaron antiguos bares y descubrieron lugares nuevos. Fueron unas vacaciones exquisitas sólo parecidas aquellas otras eternas de militancia veinteañera.
Pero pasó el calor y se marcharon las moscas y los mosquitos, retirada que anunciaba el momento de descongelar a los chicos.
Sabido es que el calor dilata los cuerpos aunque no se ha llegado a comprobar nunca con certeza si esa expansión corresponde, igualmente, al espíritu. Una discusión, sostenida por los sabios de la antigüedad, argüía que el alma menguaba en unos gramos.
Tras la aclimatación de los cuerpos, Isabel y Pablo pudieron comprobar un fenómeno curioso en sus retoños: se les había encogido la actividad mental. Algo que les incapacitaba las habilidades para el manejo de las nuevas tecnologías y el consumo de chucherías.



11 apostillas:

Anónimo dijo...

Casi cualquier solución es buena para levantar un perimetro de protección alrededor de esas cosas horribles: los niños, solo superado por algo mas horrible: los niños en verano.

Recomenzar dijo...

me interesa como escribes y el nombre de tu blog realmente bueno

Cervecerix dijo...

Yo de pequeñito pasaba el verano en la nevera y el invierno en el horno. Ahora de mayor extraño el olor a patatas y pollo del invierno y el fresco sabor del agua fría en verano; pero ya no quepo ni en el horno ni en la nevera :-)

Recomenzar dijo...

gracias por tus palabras

Kim Basinguer dijo...

¿Dejaron de comer chuches y dejaron de jugar a juegos de guerra en el ordenador?
Congelaré a mis niños este verano.

Corazón Coraza dijo...

Hay que vivir cada momento como si fuera único....bueno.-.es único e irpetible...irremplazable....!!
GRA CIAS POR TU VISITA...SOS MUY BIENVENIDO CUANDO QUIERAS POR MIS "CASITAS"....
BESOTESSS!! :)
Luna.-

Anónimo dijo...

Es a esos padres a los que se les había encogido el cerebro desde antes...

Maria Coca dijo...

Seguro que en el proceso de descongelación hicieron algo mal. Creo que el método en sí es perfecto para mantenerse fuera del contacto de los niños en verano.

Anónimo dijo...
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Joselu dijo...

El relato muestra para mí la enorme nostalgia que tienen las parejas de volver a su relación anterior a cuando no tenían hijos. Tardes eternas de cine, copas, paseos a la luz de la luna, vacaciones en Grecia mimándose enamorados. Los hijos añaden y se interponen entre la pareja y ya nunca -y menos en España- vuelven a dejarlos solos. Es así.

chuliMa dijo...

Pues si señor...aquí te has lucido....norawena majete

Beshitos