Clientela

21.10.10



Mi padre solía visitar la taberna después de una larga jornada de trabajo. Se daban cita allí amigos y conocidos que iban a degustar un vino de la tierra y mantener un rato de charla antes de volver a casa.

Igual ocurre con los blogs que viene quien le gusta. Se bebe el vino que quiere y si le apetece vuelve borracho de bloguicidad a sus asuntos. Sólo aspiro a eso, a dar el vino que guste paladear la clientela. Sin aguarlo ni que se me avinagre. Pero como mis caldos no siempre deben tener un gusto fácil de paladear y se me queda complejo de mal tabernero, así que procuro dar conversación.



12 apostillas:

PazzaP dijo...

Consideraré conversación tus entradas porque en verdad invitan al diálogo.

Daeddalus dijo...

Es cierto lo que dice PazzaP...

Juan Poz dijo...

A falta de vino, los abstemios no le tememos a la conversación ni nos abstenemos de ella, y apreciamos que se escancien las palabras con arte y con sentido.

Joselu dijo...

Me encantan las tabernas. Como a Ignacio Aldecoa, me gusta visitarlas y escuchar lo que allí se cuece. Son unas de las universidades de la vida más apasionantes. Allí se bebe y se vive, se conversa y se intercambia. Y si no recordemos los diálogos magníficos de la taberna de Picalagartos en Luces de bohemia. Los abstemios ganaran el cielo y vivirán muchos años, pero se pierden algunas cosas. No se puede tener todo.

Xico Xabel dijo...

Y en esas viejas tabernas, al igual que en estas virtuales, no solo corría el vino, también corrían las ideas, las ilusiones y los proyectos.

Chula dijo...

Soy de las que prefieren un vino malo a una pésima conversación.

Golfo dijo...

Me paso por aquí intentando esta tarde, recuperar esa vieja actitud, del tiempo en que posetaba al menos una vez a la semana. Fueron tiempos hermosos.
Quizá no conservo el blog solo proque escribir me da la vida, sino porque es la ventana a esta vieja ciudad.
...seguiré leyendo... pero momentáneamente alzo la copa desde el otro lado de la barra, sin dudar de una cómplice y anónima respuesta.

Javier dijo...

Nací en una taberna, no cerca del puerto, pero tasca de hombres rudos y enteros. Viví en ella y por ella morí. No resucité, y aunque me llamaban el Cristo de la Taberna, más ateo no podía ser, aunque me bautizaran Caín.

Sin ser un trabalenguas, se corresponde bastante bien con alguna historia que publiqué, y que habla de hombres y dioses, de vino y pasiones. Tu taberna es también así, lugar de ebrios y sobrios, que cada cual tome su medida y salga como pueda, aunque sea a gatas...


Un abrazo.

Malena dijo...

Todo hace a la taberna: los parroquianos, el tabernero y el vino.

Pasa lo mismo con los blogs.

Entramos algún día, discretitos, nos servimos de lo que nos ofrece el dueño del lugar, si nos gusta nos animamos a volver. Nos encontramos coincidiendo con otros visitantes y llega un momento en que prácticamente podemos adivinar lo que van a decir. Ese día, nos sentimos casi casi parte del lugar.

woman on line dijo...

¡Salud! compañeros de taberna.

María dijo...

Es curioso FRANCISCO,

esta vez los dos hemos coincidido hablando de nuestra clentela, tu comparas tu blog con una taberna, yo comparaba a la blogosfera con una pueblo pequeñito, donde la gente saca como antaño su silla al zaguán y entabla conversación con los vecinos...Tú taberna es íntima, tu conversación a veces circunspecta, otras enigmática y otras entrañable, como hoy, pero siempre interesante. Ya sabes, que yo en tu taberna siempre me suelo tomar la leche con galletas antes de irme a la cama, a veces y lo siento...ceno tanto... que no llego a la leche, pero de una forma u otra, intento mantenerme cerca. Aunque no lo creas, mis neuronas te extrañan mucho...de verdad que se lo pasan en grande, cuando las haces que se estrujen y se retuerzan todas, son un poco masocas ellas, ya sabes :-)

Tus galletas de hoy riquísimas, mil gracias.

Muchos besos mi querido tabernero.

Maria Coca dijo...

Así es: la tuya es otra tasca digna de visitar con frecuencia lunática.