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A flote

8.5.23



Nadar contracorriente en el mar es agotador cuando no infructuoso. Nadas y nadas para acercarte a la orilla y, al final, el flujo te lleva donde quiere.

Igual ocurre en nuestras vidas cotidianas que, en ocasiones, intentamos realizar un cometido, alcanzar un objetivo que resulta aplastante o imposible.

Es el momento entonces de hacerse el vencido y dejarse llevar, reponer fuerzas y esperar a que cambie de dirección la corriente. Todo menos ahogarse.



Primera lección

5.4.21



Cientos de jóvenes adolescentes cruzan cada mañana una barriada marginal para asistir a clase, un lugar donde conviven en perfecta armonía la pobreza, la drogadicción, la delincuencia y la marginalidad. Pasan como inmunes a esa realidad que ven pero no les afecta antes de entrar al centro escolar. Si fuera profesor les haría mirar en silencio cinco minutos, cada mañana, hacia ese mundo que no entienden.



Ofertas

8.1.21



Huyo de las misceláneas. Tengo este blog hecho de palabras —solo palabras— en tiempos donde la imagen es predominante (no recuerdo haber publicado ni una sola de ellas en estos años). Edito otra bitácora de poemas, donde nadie comenta nada, y a la que asisten lectores de ese género. Mantengo varias cuentas en Twitter con microcuentos y aforismos y en Instagram publico imágenes, además de una compilación en Facebook, aquí sí es donde los asiduos aceptan más la mezcolanza de publicaciones por ser un perfil de usuario multimedia. La entrada no está referida a la bondad o malignidad de las redes sociales, sino más a los comportamientos estancos de quienes las siguen y no quieren salir de un contexto especializado en el contenido que se publica. Los usuarios que acuden a beber de una determinada fuente no quieren que les cambien el sabor de la bebida.



Descalcificación

30.3.20



Parece que estuvieran fatigadas las palabras, aquejadas por esta infección de alarma y tribulación que el mundo tiene. No parecen nombrar con exactitud las cosas que ocurren, ni viven en la Pangea del pensamiento dispuestas a designar la realidad. Aun así, las llamo para que vengan y comiencen a engalanar nuevamente la vida que quizás, después de todo esto, sea mejor.



Confinados

22.3.20



De pronto los sueños han comenzado a tener otra sustancialidad. Te vas a la cama no con la sensación de que amanecerá un nuevo día sino el mismo ya vivido, que el horizonte de la mañana no es una nueva jornada diferente a la de ayer y continúas encerrado en la misma libertad.



Alarmados

18.3.20



Hay gente que está nerviosa porque no sabe vivir fuera de su rutina, esa que cada día los conduce sin tener que pensar, y ya sabemos que quien cambia de hábitos transfigura su vida.



Andarines

11.2.20



Lo aconsejable, me dijeron, es tirar siempre por la calle de en medio, como es la más transitada irás más seguro. Nunca hice caso de esas advertencias. Ya siendo niño me hurtaron unas entradas de cine por separarme del grupo con el que volvía a casa; mi diletantismo por las letras me distanció de ser sociable; el apartarme del pensamiento común, me hizo rara avis. Pocas veces escuché las recomendaciones y preferí emprender el camino de mis intuiciones, aunque tantas otras me equivocaran. A menudo, para no alejarme mucho de la gente me acerqué a lo humano por la vereda de lo afectivo. Ese es el único viario que puedo transitar.



Cegados

17.1.20



Me interrogo con asiduidad sobre las relaciones humanas y por qué surgen algunas actitudes como el menosprecio. Un profesional de la enseñanza me comenta que, cada vez, más familiares del alumnado desprecian su labor, menoscabando su dedicación. Entonces me pregunto si no será que descargan en ellos la desestima que esta sociedad les inocula y que devuelven a ciegas, cuando les hacen sentir como unos perdedores, esclavos de sus trabajos o de sus miserias, de sus limitaciones y son señalados como desechos al no obtener un grado de reconocimiento.



Silencio

28.5.18



El Yorkín es un río frontera entre Costa Rica y Panamá que, al igual que nuestros límites personales, con la subidas de agua fluctúa las lindes del territorio. Sus pobladores, el pueblo bribri, no reconocen el límite político porque no entiende la división del mundo. 

Turistas circunspectos, adquirimos un viaje hasta el interior selvático de la zona para visitar una comunidad nativa que, en parte sobrevive, con los ingresos de quienes les visitan. Subimos por el río Yorkín en una canoa que nos conducía, alternando trechos con correntías y grandes piedras con otros de aguas calmas que servían de espejo a las altas paredes vegetales donde todo verde menos el cielo. 

Avanzamos sin prisa entre las explicaciones del conductor sobre el severo vivir en aquellas tierras respecto a nuestra comodidad europea, y el programa de actividades que nos esperaban en la aldea. Boquiabiertos admiramos el paisaje y sorprendidos nos mirarnos para rendirnos ante la belleza natural de un panorama único. 

Y sobre todas las maravillas reveladoras mostradas ante nuestros ojos, lo que más impresionó fue la amplificación del silencio.