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Vigilancia gramatical

8.1.26


Los signos de puntuación son los policías gramaticales del lenguaje. Ordenan el tráfico de las palabras, imponen pausas, levantan barreras invisibles para que el sentido no se desborde. Sin ellos, el discurso se convierte en una multitud sin semáforos donde predomina el ruido, los choques y la confusión. La coma modera, el punto detiene, los dos puntos anuncian. El punto y coma duda entre continuar o terminar, como quien no sabe si dejar pasar o pedir documentación. Pero también hay una rebeldía silenciosa en el lenguaje y es cuando una frase se salta el control, cuando quien escribe decide correr sin permiso y dejar que el sentido huya sin papeles. Quizá la puntuación no esté para vigilar, sino para recordarnos que incluso el pensamiento necesita respirar, porque escribir no es obedecer reglas, sino saber cuándo romperlas sin perder el rumbo.


Colmados

2.5.25


Demasiada gramática nos mata.



Demiúrgica verbalidad

3.4.09



A Vaugelas se le debe la mayor parte del trabajo del léxico del primer diccionario de la Lengua Francesa elaborado en el siglo diecisiete. Estimado por el conocimiento de esta lengua y la exactitud de su discurso, defendió que las expresiones y las palabras debían de ser acogidas por su mejor uso social. Claude Favre de Vaugelas, además, dejó dicho que ningún gramático por eminente que fuera, ni el propio rey Luis XIV, podían permitirse la libertad de inventar palabras. Afortunado él, ha podido evitar el tormento de pasar por lugares como éste convertidos en un verdadero infierno de la gramática.