Vigilancia gramatical

8.1.26


Los signos de puntuación son los policías gramaticales del lenguaje. Ordenan el tráfico de las palabras, imponen pausas, levantan barreras invisibles para que el sentido no se desborde. Sin ellos, el discurso se convierte en una multitud sin semáforos donde predomina el ruido, los choques y la confusión. La coma modera, el punto detiene, los dos puntos anuncian. El punto y coma duda entre continuar o terminar, como quien no sabe si dejar pasar o pedir documentación. Pero también hay una rebeldía silenciosa en el lenguaje y es cuando una frase se salta el control, cuando quien escribe decide correr sin permiso y dejar que el sentido huya sin papeles. Quizá la puntuación no esté para vigilar, sino para recordarnos que incluso el pensamiento necesita respirar, porque escribir no es obedecer reglas, sino saber cuándo romperlas sin perder el rumbo.


1 apostillas:

Joselu dijo...

La historia de los signos de puntuación es la de nuestra cultura literaria. En tiempos de Cervantes, existían la mayoría, pero como la lectura mayoritariamente era oral, se utilizaban como marcas para las pausas y la respiración del lector. Fue en el siglo XVIII cuando la RAE los normativizó e incluyó los signos ¡ y ¿ de apertura de las oraciones exclamativas e interrogativas. Cuando se hace una edición de una obra del siglo XV, XVI o XVII una de las tareas fundamentales es ajustar los signos de puntuación confusos de entonces con los que existen ahora.