Amores que matan

12.2.07



Recuerdo, ahora, una de las primeras lectoras fieles a esta bitácora. Regularmente dejaba comentarios casi a diario. Hallé en sus ‘post’ la recompensa necesaria para mi bitácora, entonces, casi huérfana de lecturas.

Un día me comentó que no colocaba el enlace de mi ‘blog’ en el suyo porque no quería compartir con nadie lo que yo escribía. Necesitado como estaba de formar parte de los anillos de amigos ‘blogueros’ que pueblan la red, encontré, en principio, egoísta y ridícula su decisión.

Sin embargo al reflexionar sobre el hecho, me di cuenta que aquello era un acto de amor. Igual que quien se tropieza con un tesoro y lo oculta a la vista de todos para que nadie se lo robe.

El sentimiento, a veces, tiene esa cadencia: ambicionamos sólo para nosotros aquello que queremos. Y es hermoso y brutal al mismo tiempo.

11 apostillas:

Anónimo dijo...

Me encantó tu post. En cierto modo me ha hecho reflexionar sobre el tema de los lectores. Los hay de bastantes tipos: algunos, como tú dices, aprecian verdaderamente lo que ven y en cierto modo se enamoran, se entusiasman, y aman de verdad lo que haces; otros simplemente son gente que busca el reconocimiento de ser leído a la misma vez que lee, porque este es otro tema que también debatimos en un foro de literatura hace poco (el reconocimiento del escritor), ¿el escritor escribe para ser reconocido, para tener el aplauso, para que le lean?, yo pienso que sí, aunque no siempre necesariamente.

Una sonrisa.

César dijo...

Podria decirse que si.. en un acto de sinceros celos uno esconde a personas.. me pasa a mi con mis verdaderos amigos..

Pero bueno, un link tampoco la mataba!

=)

Gsús Bonilla dijo...

incluso
puede que tenga razón
a veces te conviertes en una especie de golum
cundo descubres algo que tu solo
crees que has descubierto.
pero suele duerar poco esa sensacion, el mundo es un pañuelo
y internet es lo más parecido
a un clinex...

Maritza Bueno dijo...

Hola Francisco,
tu justificación hacia el comportamiento de ella solo muestra tu buen corazón.

Para mí sigue siendo un acto egoista, porque si encuentras un tesoro, cuando lo compartes, se multiplica y si no se multiplica por lo menos es aprovechado por otras personas.

Si no damos, nos limitamos para recibir. Cuando damos sin esperar nada a cambio, disfrutamos de la abundancia de la vida.

Anónimo dijo...

Hermoso y brutal... Muy acertada descripción.

exLyda dijo...

Pues a veces a mí me suele pasar lo mismo. Suelo coleccionar "datos inútiles" (así he llamado a mis cuatro horas diarias en internet) que no comparto. Te da una sensación de poder: "yo sé algo que tú no". El problema es que los demás no saben qué ignoran y pierde gracia. La entiendo a ella y te entiendo a ti por entenderla. Lo bueno es que no todos son así, por eso aquí estoy.

Anónimo dijo...

A mí me pasa lo mismo, a veces conozco a alguien -aquí hablo de personas- y no la presento a nadie, porque me gusta, y me la quiero quedar, porque, pienso, que si la comparto, pueden estropearla... Yo tu blog, me fascina, muchas veces no comento porque no sé qué decirte, eres un genio :)
Muchas gracias a ti por compartir estas estupendas palabras con nosotros, completos desconocidos :)
Un beso Francisco.

Jonás dijo...

No, no eres un genio, pero tienes algo que me gusta y es tu pesimismo, pero en el mío hay más desesperanza.

Anónimo dijo...

Tambien podriamos hacer una breve descripcion de la vida con estos dos adjetivos.

iNDigEstA dijo...

.
.
. . . Yo hago siempre lo contrario cuando encuentro un tesoro.

Por qué?

Tengo el egoismo atrofiado?
Quizá mi forma de amar, mal encaminada?

A lo peor, es que soy tan confiada que los celos no tienen cabida.

PD: Sigue esa "ella" leyéndote?
O ya dejó su preciado tesoro enterrado como estaba y ahora olvidado?

HE VUELTO.

Veva dijo...

No es cuestión de egoismo, ni de generosidad. Uno revela lo que quiere, oculta lo que le apetece, comparte o excluye, sólo es intimidad. No está mal buscar un rincón propio, tampoco es malo hacer una casa de puertas abiertas. La decisión, cada decisión, es apropiada porque es la propia.