Destinatarios
2.1.26
Últimamente escucho decir con insistencia eso de «escribo para mí mismo», como si el yo bastara para justificar la palabra. Yo no sé para quién escribo. No lo he sabido nunca. Escribo y, mientras lo hago, el destinatario se disuelve, desaparece, deja de importar. Escribir no siempre es un acto de intimidad, porque a veces lo es de una necesidad sin rostro, una forma de ordenar el ruido, de dejar constancia de que algo pensó, sintió o dudó antes de borrarse. El texto no busca dueño, tan solo se ofrece y, por eso, quizá escribir para uno mismo sea la coartada más cómoda, ya que escribir, sin más, es un riesgo mayor. La palabra que merece ser escrita no pregunta quién la leerá.
Etiquetas: análisis, comentario, escribir, reflexión
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2 apostillas:
Siempre se escribe para alguien aunque sea muy lejano en el tiempo. No hay escritura que no busque un destinatario en cuanto uno pone alma, pasión y vida en lo que escribe.
"dejar constancia de que algo pensó, sintió o dudó antes de borrarse", quizá escribimos para nuestro yo del futuro, ese yo imaginario que se disuelve y desaparece porque todavía ese futuro no colapsó en una sola posibilidad de las muchas que ofrece nuestro presente.
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