Restos

5.1.26


Ya náufragos de la vida, aprendemos a recoger los restos de nuestros naufragios. No lo hacemos con urgencia, sino con una calma tardía, casi agradecida. Son fragmentos, gestos, palabras, instantes que sobrevivieron al hundimiento. Hay momentos, como estos, en los que la mirada del corazón se inclina hacia lo vivido con una dulzura inesperada. No es nostalgia, solo reconocimiento, al entender que no todo se perdió y que algo quedó flotando para sostenernos. Quizá vivir consista en eso, rescatar, tras cada tormenta, aquello que aún puede ser amado.


1 apostillas:

Joselu dijo...

Supongo que hablas en clave existencial porque eso de náufragos más se les podría aplicar a todos los desdichados del mundo y no a nosotros que vivimos en la comodidad más cómoda con nuestras entelequias personales que no nos comprometen a nada salvo a la palabra sin coste alguno.