Luz

8.10.19



A veces me gustaría ser un profeta poético. Subir hasta la montaña y, en soledad, esperar que el dedo deífico me iluminara con su omnisciencia. Luego bajar con unos versos tallados en piedra para hacer ley de la Poesía admirada por todas las personas que esperan. Y nunca lo consigo porque soy de los que me caigo y tropiezo en el charco de los días, en los atascos y las urgencias, en los desasosiegos y los choques personales con mis iguales, en las frustraciones y en los sueños desplomados. Y me levanto y grito en el desierto, y me rehago y me arrastro por estos renglones que no son torcidos ni derechos, y se escriben sobre mi hecho, en ese espejo inverso que es el deseo por entregar algo sincero, surgido del bajo vientre del corazón.



3 apostillas:

Albada Dos dijo...

Magnifico canto a la poesía, del bajo vientre de corazón. Precioso texto.

Un abrazo

Joselu dijo...

No eres Moisés -ni falta que hace- pero tu bondad y tu experiencia como escritor nos traen cada día instantes valiosos.

Juan Poz dijo...

Ya Bécquer se preocupó del conflicto entre la inspiración y la razón, entre el sentimiento y el intelecto. "Cuando siento, no escribo", sintetizó. Cualquier emoción humana, para convertirse en literatura, ha de pasar por el tamiz de lo consciente, del cerebro que conforma y potencia, ¡solo él sabe cómo hacerlo!, la "materia bruta" de los sentimientos. "Nada prueba contra el amor que la amada no haya existido jamás"..., añadió don Antonio.