Mundo ofuscado

18.2.26


El mundo ahora es confuso. Antes también lo era, pero parecía nítido. No porque fuese más claro, sino porque teníamos menos pantallas para mirarlo y menos ruido para llamarlo verdad. La confusión actual no nace solo de lo que pasa, sino de cómo nos llega a ráfagas, en titulares, con alarmas. Vivimos rodeados de explicaciones instantáneas que se contradicen con la misma seguridad. Y así el mundo no se vuelve más complejo, en todo caso se vuelve más opaco, como un cristal manchado de prisas. Antes la niebla también estaba, pero la distancia la disfrazaba de horizonte. Había menos datos y más relato; menos versiones y más costumbre. Lo nítido era, muchas veces, una forma de ignorancia amable. No es que el mundo se haya roto, es que lo vemos demasiado y lo entendemos menos.


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