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Don Quijote hoy
27.6.26
Si hoy viviera Don Quijote, sería tratado por unos, ridiculizado por otros y comprendido por muy pocos. Nuestra época que presume de sensibilidad psicológica tendería a diagnosticarlo; nuestra sociedad que idolatra la normalidad procuraría corregirlo; y nuestro mundo administrado por protocolos de utilidad y rendimiento, apenas sabría qué hacer con alguien que insiste en vivir según la verdad de su imaginación. Pero precisamente por eso seguiría siendo una figura decisiva. Don Quijote toca un nervio que no ha dejado de doler: el conflicto entre la imaginación y la realidad administrada, entre la verdad interior y las convenciones de la vida social, entre el impulso de trascender lo dado y la obligación de adaptarse a ello. Su desvarío no consiste solo en ver gigantes donde hay molinos, sino en negarse a aceptar que el mundo visible agote por completo el sentido de las cosas. Tal vez ahí resida su vigencia. Su patología no lo vuelve menos contemporáneo sino más, porque hoy también incomoda quien desobedece el reparto consensuado de la realidad, quien no acepta sin más la evidencia común, quien sigue tratando de habitar el mundo como si en él aún cupiera una grandeza distinta a la que dictan la eficacia, la prudencia y el cálculo. En estos tiempos, Don Quijote no encajaría ni como héroe ni como simple enfermo. Encajaría, sobre todo, como problema: como esa figura que obliga a preguntarnos si la cordura dominante no habrá empobrecido demasiado la vida. A veces, el verdadero escándalo no es la locura, sino la estrechez de la realidad que la juzga.
Etiquetas: análisis, comentario, Don Quijote
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