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1.3.10



«Las palabras son pozos de agua en cuya búsqueda el decir perfora la tierra, pozos que cada vez hay que hallar y perforar de nuevo, fáciles de cegar, pero que en ocasiones van brotando también donde menos se espera», alegó Martin Heidegger. Será por ello que la pasión de la lengua sólo la entienden aquellos zahoríes incansables que se han perdido en su oficio.

9 apostillas:

franco dijo...

Bonita mudanza, Francisco. Justo hoy leí en una novela de Benito Lynch un episodio que involucraba pozos de agua. Una mujer de no muy buen carácter bajaba un balde para buscar agua y levantaba más que la que necesitaba en ese momento. Entonces aparecía otro personaje y le pedía el excedente. Como ella detestaba a este segundo personaje, tiraba el balde de regreso al pozo en una manera muy poco amigable, obligándolo a buscar el agua por su cuenta. ¿Podría darse una situación semejante con el lenguaje como escenario?

Joselu dijo...

La necesidad de la escritura devora al escribiente que anhela sacar agua fresca de ese pozo profundo e inagotable. ¡Qué incompleta es la vida sin escritura!

Luis Valdesueiro dijo...

Pozos de agua, o el agua misma, tal vez.

Juan Poz dijo...

La pasión de la lengua es "negocio de particular juicio", al decir de Fray Luis. Y lo que sorprende es que el bien común por excelencia se convierta en pasión individual que nos aparta del resto de los mortales. Cuanto más profundizo en el amor a la lengua, más me aparta éste del amor a mis semejantes. Sí, hay algo de perverso también en la filología...

Isabel Romana dijo...

Palabras, agua, pozos, zahoríes... una secuencia inquietante. Besos, querido amigo.

Victoria M. dijo...

Llevo absorta en tus palabras un buen rato.
Qué gran descubrimiento el de tu blog.
Un saludo.

Antero dijo...

Algo de charlatanes, algo de solitarios, algo de auxiliadores, algo de psicólogos y, por tanto, de timadores, y mucho de indagadores.

Qué imagen la del zahorí con la horquilla, trasplantada a las cosas del escribir.

Un fuerte abrazo.

Adolfo González dijo...

Las palabras crean la ilusión del sentido, pero en el fondo sólo hablan, entre ellas, de sí mismas. Caen en los abismos de la lengua. Todas y cada una se creen que son las más guapas. Todas y cada una se creen que son las únicas que tienen buenas tetas. Todas y cada una se creen que son las únicas que hacen el amor. No se soportan a sí mismas y, sin embargo, tienen que hacer como que se quieren bien las unas a las otras. Las muy narcisistas. Las muy hipócritas.

Anónimo dijo...

Si, probablemente lo sea