Zapatos de domingo

3.11.19



Intentó por enésima vez sacar el dedo para completar el lazo, pero se le volvió a escapar el nudo. Miró la complejidad de aquel artilugio cuyo funcionamiento no le entraba en la cabeza y pensó, entre resignado y convencido de su torpeza, que podría dedicar su vida a resolver el problema de por qué los niños pequeños nunca saben anudar sus zapatos.



5 apostillas:

Chus dijo...

Entre Darwin y el aprendizaje vital: aprendemos. ¿Qué seríamos sin asombro ni interrogantes, sin reflexiones ni descubrimientos? ¿Y sin provocaciones? Y sin embargo, el error y el desánimo como chinas en el zapato.

Albada Dos dijo...

Es que no es fácil. Luego sí, claro. Es cosa de práctica

Un abrazo

Joselu dijo...

¿Quién no se ha soñado de niño atándose los zapatos y sufrir por que no se puede? Es el mismo sueño que nos asalta cuando soñamos que nos llaman para hacer la mili de nuevo porque no la acabamos o el latín o las matemáticas de COU que no estaban realmente aprobados y hay que volver al colegio para volverlos a cursar. No llegan a ser pesadillas pero sí protopesadillas.

Juan Poz dijo...

La motricidad fina es muy selectiva...

José A. García dijo...

El problema no son los niños, sino los zapatos.

¿O era al revés? Volveré a pensarlo...

Saludos,

J.