Circularidad

13.12.14



Defiende Deleuze que «desear es producir, y producir realidad. El deseo como potencia productiva de la vida.» Y más allá de ese deseo productor qué nos espera, la realidad deseada, quizás, y que no es más que la frustración del deseo cesante.



2 apostillas:

Juan Pérez dijo...

Ah, no, como el rayo, el deseo no cesa. Cesar es morir, una brutalidad.

Joselu dijo...

Desear muestra nuestra insatisfacción con la realidad presente y nos lleva a anhelar algo más allá, algo mejor, algo distinto... El budismo ha visto en ello el origen del sufrimiento. Desear el cambio. El cambio sucede solo. Y yo me pregunto, si somos máquinas de desear como planteaba Deleuze y Guatari en ese indigesto libro ("El Antiedipo") del que no logré leer ni dos páginas porque no entendía nada, ¿cómo podemos poner fin al sufrimiento a que nos lleva el deseo incesante? ¿El deseo que es productor de realidad y de dolor? No sé cómo conciliar ambos extremos porque por un lado, veo que una vida sin deseo es una vida que se estanca, pero por otro nos lleva a sufrir. La meditación nos lleva a extinguir el deseo (es un decir). Y uno en un rinconcito de su mente torturante se da cuenta de que un solo instante en que el deseo cese -de verdad- es un instante de totalidad, de eternidad. Porque, reflexiono, aún cuando creamos no desear porque no seamos ambiciosos hay una profunda insatisfacción con lo que se es. La conciencia plena es ausencia de deseo, pero esta es una sensación que solo he sentido al alguna ocasión extraordinaria de mi vida y el autor de este blog tuvo ocasión de leerlo hace ya años cuando lo describí.