En el autobús

29.3.11



―Se le saluda señor Albert. Tome asiento.
―Gracias.
—El mundo vuelve a estar calentito.
―La tiranía totalitaria no se edifica sobre las virtudes de los totalitarios sino sobre las faltas de los demócratas.
―Sí, pero no me dirá que la cosa tiene su polémica.
―Uno no puede ponerse del lado de quienes hacen la historia, sino al servicio de quienes la padecen.
―Es un punto de vista.
—Adquirimos la costumbre de vivir antes que la de pensar.
―Es posible, no lo niego.
―En el apego de un hombre a su vida hay algo más fuerte que todas las miserias del mundo.
—De todas formas no deja de ser una desgracia.
―No ser amados es una simple desventura; la verdadera desgracia es no amar.
―No todo el mundo está dispuesto a reconocerlo.
—Bendito el corazón que se puede doblar porque nunca se romperá.
―Así sea.
―Señor Camus. Me bajo en esta parada. Que tenga buen viaje.
—Por cierto qué tal le va con su escritos.
―Cada día lucho con ellos.
―Recuerde que los que escriben con claridad tienen lectores; los que escriben oscuramente tienen comentaristas.
—Lo recordaré. Adiós.


2 apostillas:

María dijo...

Por esta vez te voy a comentar aunque me ha quedado muy clarito todo lo que he leído.
Si se me cruza el rojo con el negro y te acribillo a comentarios no olvides encender la luz.
Y ya puesta, también te beso. Que no te falte de na.

Juan Poz dijo...

Adquirimos la costumbre de desear, antes que la de vivir: no hay vida sin deseo.
[errata de tecleado: no hay "visa" sin deseo...] Estos dedos tienen cada cosa...