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El primer no
14.3.26
Camus definía al rebelde como quien dice no. Pero ese ‘no’ no nace en la plaza pública ni en los manifiestos, aparece mucho antes, en la cuna, cuando el niño aparta la cuchara, gira la cabeza, rechaza el límite que aún no comprende. Más que una consigna es un aprendizaje, porque al negar se delimita el mundo y se delimita a uno sí mismo. Ese primer ‘no’ no es ideológico, es ontológico. No busca derribar un poder sino probar su propio contorno. El bebé se niega y, en esa negativa, se inaugura como alguien distinto de lo que lo rodea. Dice ‘no’ para existir y, después, con los años ese gesto se complica. La negación se vuelve argumento, riesgo, ética. Ya no sirve sólo para saber dónde termina la mano del otro, sino para defender un territorio interior. El rebelde adulto conserva algo de aquella infancia, ya que la intuición de que aceptar sin examen es disolverse y toda conciencia comienza poniendo un límite porque el ‘no’ no es lo contrario al sí, es lo que lo nos vuelve verdaderos.
Etiquetas: Albert Camus, análisis, comentario, no, reflexión
Festejos
29.8.20
Dijo que, en su larga experiencia de vida, había concluido en señalar tres cuestiones como importantes: saber decir no; saber perder; y saber perdonar. Y por esa sabiduría siempre levantaba su copa para brindar.
Afianzamiento
6.12.19
Saber decir no es un acto de autoafirmación.
Pezqueñines, no gracias
1.4.05
Una línea de mar azul infinita trazaba el horizonte aquella mañana de agosto. Una muchedumbre de bañistas tomaba el rebalaje con sus juegos de agua y sus chapuzones. La playa estaba invadida por miles de domingueros.
En medido de la normalidad de aquel tumulto, de repente, surgió de entre las aguas una figura hercúlea, medio hombre y medio pez, que paralizó la imagen cálida y vacacional de aquel momento. Los bañistas asombrados quedaron boquiabiertos ante ese ser monstruoso cubierto de escamas que, con su mano izquierda, sostenía un tridente y una red de pescador con la derecha, como si fuera un gladiador del circo romano.
Fue entonces que comenzó a girar la red sobre su cabeza y tras varios giros la arrojó contra los bañistas que, despavoridos, comenzaron a huir en todas direcciones hacia la playa. Tras lanzarla atrapó en al red una veintena de éstos, la cargó sobre sus hombros y comenzó a caminar hacia el interior del mar, mientras a sus espaldas se escuchaban gritos de horror y lamentos.
Una voz, en ese momento, se destacó del resto: “¡Los niños, no! ¡Los niños, no!”. El ser escamado se detuvo y pensó: “es cierto, no se deben pescar inmaduros o esquilmaremos los caladeros”.
Miró dentro de la red y sacó los ejemplares más pequeños. La cerró y continuó con el resto de sus capturas hacia el interior del mar mientras el gentío, estupefacto, miraba desde la orilla recomponerse la línea de mar azul infinita que trazaba el horizonte de aquella mañana de agosto.
En ese instante una avioneta cruzó el cielo de la playa con una pancarta en la que se leía: Este anuncio ha sido patrocinado por el Ministerio de Agricultura y Pesca. ‘Pezqueñines, no gracias, debes dejarlos crecer’.
Etiquetas: gracias, no, Pezqueñines
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