El cultivo del poder

5.7.11




—Está bonita la huerta en este tiempo.
—Así es señor Jefferson. Aunque mucho esfuerzo para tan poca recompensa.
—Exactamente al contrario de lo que ocurre en la sociedad de estos días.
—Es cierto, la gente confía mucho en la suerte.
—Yo creo bastante en la suerte. Y he constatado que, cuanto más duro trabajo, más suerte tengo.
—Los han educado en el estado del bien estar.
— No son la riqueza ni el esplendor, sino la tranquilidad y la ocupación los que dan la felicidad.
—Usted, como polímata que es, me podría explicar por qué no hay gobiernos que arreglen tantos desbarajustes.
—Mi estudio de la historia me convence de que la mayoría de los malos resultados de los gobiernos provienen de tener demasiado gobierno.
—¿No es esto una democracia entonces?
—La democracia no es más que el gobierno de las masas, donde un 51 por ciento de la gente puede lanzar por la borda los derechos del otro 49 por ciento.
—¿Nada para remediar el rigor matemático, señor presidente?
—Estoy a favor de un gobierno que sea vigorosamente frugal y sencillo.
—Pocos le siguen en su fórmula.
—Algunas veces se dice que no se le puede confiar al hombre el gobierno de sí mismo. ¿Puede, entonces, confiársele el gobierno de los demás? ¿O hemos encontrado ángeles que asumen la forma de reyes para gobernarlo? Dejemos que la historia conteste esta pregunta.
—La historia lo que dice es que el poder se lo come todo.
—Nunca he podido concebir cómo un ser racional podría perseguir la felicidad ejerciendo el poder sobre otros.
—Los políticos de ahora no piensan así.
— Cuando alguien asume un cargo público debe considerarse a sí mismo como propiedad pública.
—Ve, entonces con buenos ojos, el movimiento del 15-M.
—Un poco de rebelión de vez en cuando es buena cosa.
—Y estará de acuerdo con sus críticas al poder financiero.
—Creo, sinceramente, como tú, que los sistemas bancarios son más peligrosos que los ejércitos.
—Apoya sus críticas.
—Tiene derecho a criticar, quien está dispuesto a ayudar.
—Pocos quieren implicarse en cambiar la realidad social.
—Indudablemente nadie se ocupa de quien no se ocupa de nadie.
—Apenas ni de vivir.
—El arte de la vida es el arte de evitar el dolor.





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3 apostillas:

PazzaP dijo...

En tanto dolor y placer son los dos extremos del mismo continuo, no es arte evitar lo inevitable, sino lograr que no se dilate más allá de lo necesario.

Míkel F. Deltoya dijo...

Me quedo con: " arte de la vida es el arte de evitar el dolor."

saludos Francisco

Miquel dijo...

Que gusto de presidente.