Juguetes rotos

17.4.14



Uno de los peores atentados contra el ser humano es el robo de su infancia. La esclavitud, la prostitución, la explotación, son los exponentes más claros de ese crimen, que suele ocurrir en países con pocas garantías para la infancia. 
Otra más de esas formas de destruir la infancia es mentirles con la promesa de llegar a ser futbolistas famosos. A Europa se estima que han llegado entre 10.000 y 20.000 menores africanos para cumplir con su sueño de jugar al fútbol y que han sido abandonados en las calles. En África tenían una infancia difícil, aquí una infancia rota.
Con ser más sutil no es menos cruel la ocurre junto a nosotros. Son miles de niños los que con el beneplácito familiar los que dejan todo para jugar al fútbol en España.
Leo el testimonio de un exfutbolista, Borja Criado, quien señala: «entrenábamos cuatro días a la semana por las tardes y llegaba a mi casa todos los días no antes de las diez de la noche.  Con este nivel de exigencia, no daba tiempo ni para hacer los deberes, ni para estudiar ni para otra cosa que no fuera dedicación exclusiva al fútbol.  Es cierto que teníamos que presentar las notas en el club cada trimestre y, salvo alguna excepción, mis compañeros venían con una relación de suspensos importantes».
Criado además señala: «creo poder decir que he encauzado bien mi vida profesional tras mi etapa en el fútbol de élite.  Sin embargo, no siempre ocurre así, e incluso podría decirse que, en muchas ocasiones, la cosa no termina tan bien (…) De aquel equipo de veintidós futbolistas que eran campeonísimos, sólo cuatro han conseguido tener una carrera en Primera o Segunda División».
Es decir que más del ochenta por ciento de esos chiquillos que no tienen una infancia como el resto, tampoco logran un futuro como futbolistas. En el camino habrán dejado un mundo de juegos e imaginación tan propio de la infancia.



1 apostillas:

Beauséant dijo...

el ser humano tiene la extraña facultad de pudrir todo lo que toca... es un don