Lectores malditos

31.10.13



La escritura ha vuelto a los mismos salones sociales donde ya fue aplaudida por los cultos y aburridos burgueses, ahora transformados en la plaza del pueblo. 

Escribir se ha convertido en un sometimiento al consentimiento lector mientras las letras agonizan en ese escaparate social. Y eso ha sido posible por el aplauso de un público simplista y poco exigente y la codicia del negocio editorial. Por eso quien tiene un buen lector tiene un tesoro.

Aquellos que escriben con las tripas y con el corazón no está para actos litúrgicos de presentaciones sociales, frente a esos escritores que patrocinan libros como si fueran actores de sociedad y ponen precio a sus ganancias por encima de la libertad de creación.




4 apostillas:

Javier dijo...

¿Por eso hay tantos [buenos] escritores pobres? ¿O es que no quedan lectores competentes? Doble pregunta que solo es una, y que, ya puestos, respondo gustosamente: sí.

Un abrazo

Joselu dijo...

Afortunadamente quedan todavía, aunque en abrumadora minoría, buenos lectores para los que la literatura seguirá existiendo a pesar de los tiempos convulsos que vivimos en ese terreno.

La inmensa mayoría o no lee abiertamente o lee productos sencillos (lo que tampoco está mal). Quedará para una minoría mínima la verdadera literatura y esas librerías en que todavía da gozo entrar a pesar de que la mayoría están cerrando.

Y hablando de todo un poco. ¿Qué decir de la barbarie del lector que dice amar la literatura y se lo descarga todo gratuitamente de internet a través del Emule en su soporte digital? Pura sinvegonzonería, pura y dura. Eso es.

Juan Poz dijo...

La vanidad me incita a leer la entrada como un elogio, aunque peque de soberbio. ¿No era Borges quien decía que otros presumieran de lo que habían escrito, que él lo haría de lo que había leído? Pues eso.

JUAN dijo...

La literatura sufre el mismos calvario que el resto de sectores culturales: el consumismo. Cuanto más libros fáciles y simples lea una persona, más presumirá de leer mucho... aunque no sepa ni se acuerde de lo que lee