Confines

14.6.10



«No escribimos sino en la extremidad de nuestro saber, en ese punto extremo que separa nuestro saber y nuestra ignorancia, y que hace pasar el uno dentro de la otra. Sólo de esta manera así nos decidimos a escribir», dejó dicho Deleuze. Un latido extremo, una modulación disonante, un perplejidad inasumible, también nos resuelve a la escritura, eso sí, no sin aturdimiento.



5 apostillas:

Joselu dijo...

En el extremo de mi escaso saber, en mi completa ignorancia, en mi disonancia perpleja y aturdida, así, así escribo yo. No sé ni cómo me atrevo.

Maria Coca dijo...

Es cierto. A veces he paseado por ese límite con miedo a caer en la más profunda ignorancia. A veces, me he salvado por los pelos...

Besos de lunática en lunes, mi querido amigo.

Asby Aldon dijo...

curioso también que tantas personas escriban mejor, yo he de admitirlo, bajo el influjo de los sentimientos extremos, en especial la tristeza y el dolor.
y parece ser que es muy atractivo, ver como alguien se derrumba ante un papel, mejor dicho como se esparce con la tinta. Tampoco deja de tener su correspondiente controversia.

César dijo...

Cuando escribo algo, me doy cuenta de lo torpe, ignorante e ingenuo que puedo llegar a ser.Un saludo

Anónimo dijo...

Unas veces es una necesiad de expresarnos la que nos lleva a escribir. Otras la necesidad de ser escuchados. hemos de estar motivados por algun tema.
No hace falta ser, ni tenernos por sabios.
arena- mirada.