Aromas

4.6.10



Hay olores pegados a la piel de la memoria, trazas invisibles de recuerdos perfumados que llegan desde la infancia, ese territorio mítico que nombra las cosas por primera vez. Aromas que permanecen inalterables en esa evocación. Los niños huelen a goma de borrar. Algunas mujeres a flores y otras a frutas: con especial intensidad recuerdo la guayaba, la violeta, el celindo y la flor del tilo. Son fragancias inequívocas y referentes en la memoria infantil, las castañas tostadas, el chocolate caliente, el alcanfor, el zotal. Y con persistente presencia, los guisos de la cocina.


4 apostillas:

Joselu dijo...

Los olores y sabores de la infancia nunca se olvidan. Ese el planteamiento de la obra de Proust.

El futuro bloguero dijo...

Por algo el recuerdo de un olor es el más persistente en la memoria, mucho más que una imagen o un sonido.

Lástima que no tengamos más desarrollado el olfato. (Aunque a lo mejor lo sufriríamos también)

Abrazo

Maria Coca dijo...

Olores que se transforman en recuerdos. Es curioso el poder del olor...

Besos que huelen a luna.

Elisa dijo...

Hace unos días pasé por un parque y había varios árboles "paraiso". Hacía años que no olía la hoja del paraiso y me llevó directamente a mi infancia. Me tiré toda la tarde con una ramita diciendo "huele a infancia"...es algo mágico.
Un abrazo