Siniestros

11.1.24


Cuando tu mundo se derrumba, debes de aprender a respirar bajo los escombros.




Divergencias

10.1.24


La tolerancia no puede ser cómplice de la intransigencia.




Infinitudes

9.1.24


Si lo piensas bien nunca habrás existido.




Reciedumbres

8.1.24


Si duro es saber morir, más duro es saber vivir.







Final inesperado

7.1.24


La Nochevieja y el Año nuevo tuvieron un idilio y decidieron alejarse del bullicio. Desde entonces no se han vuelto a ver celebraciones.




Preliminares

6.1.24


El amor comienza por un juego inocente.




Suspicaces


Desde la tristeza siempre es sospechosa la alegría.







Discrepantes

4.1.24


Llevar la contraria es invertir el pensamiento.




Realces

3.1.24


Una manera de ennoblecernos es dignificando a los demás.




Desemejantes

2.1.24


Las consecuencias no siempre son las mismas para cada persona.




Infalibilidades

1.1.24


Cuanto más seguro estás es cuando más vulnerable eres.




Seres oníricos

31.12.23


Te pregunté qué hacías dentro de mi sueño. Tú me dijiste, entonces, que me estabas soñando.




Completitud

30.12.23


Es difícil ser feliz a jornada completa.




Toques

29.12.23


Cierta cantidad de estoicismo mejora la calidad del hedonismo.



Empeoramientos

28.12.23


Las copias de uno mismo suelen ser autodegenerativas.






Sintomatologías

27.12.23


Aprecia todos los síntomas del Universo y entenderás tu existencia.



Experimentación

26.12.23


La vida, ese laboratorio de emociones, de gente desconocida a la que queda por querer.



Serenos senderos

25.12.23


Quien ni espera ni desespera alcanzará sosiego y gratitud en su camino.




Amistosas

24.12.23

 

—Buenos días, qué tal estás.

—Bien —le sonrió.

—Sabes, el otro día conocí al padre del marido de tu amiga Silvia. Un tipo encantador.

Le volvió a sonreír mientras pensaba: «esta tipa es un tostón. Ahora me va a decir que es donde trabaja el suegro de mi amiga, una inmobiliaria que ella conoce porque en la misma curra la hija de una vecina, íntima suya de toda la vida».

—Y a que no sabes qué, vende unas casas chulísimas, es la oficina de Cecilia, la hija de Paqui, la que se compró el chalet con piscina en esa urbanización tan pija.

Le ofreció una nueva sonrisa como aprobación a la historia que contaba en tanto que, mirándola a la cara, se preguntaba cuándo detendría su discurso de pesada parlanchina. «Ahora me va sacar a relucir algún tema de su salud», pensó.

—Pues nada que vengo del médico porque resulta que tengo una fractura metacarpiana. ¿No me ves la mano hinchada? Así llevo toda la semana, sin poder lavar un plato. Menos mal que tengo a Jorge, el pobre se encarga de todo. Me han mandado reposo y me van a hacer unas pruebas para saber si ha sido por tanto esfuerzo que la mano se ha cansado o porque se me gastan los huesos que una ya va para mayor. Y después lo de la taquicardia, ¿sabes? Me dan palpitaciones y me pongo malísima, vamos como si me fuera a dar un infarto.

Y mientras la observaba mover los labios pero ya sin escucharla, discurría: «lo que me importará a mí su metacarpiano inflamado o deshinchado, el de su marido y el de su hijo, sus supuestas palpitaciones, su venta de Thermomix que además de a su suegra y a su hermana no le habrá vendido ninguna más a nadie o que ahora, se haya hecho influencer y se dedique a vender dietas milagrosas para el adelgazamiento. Precisamente ella que no está gorda, qué va para nada, ya se la podía aplicar.

—Te veo muy callada ¿te pasa algo? —le resopló.

—Qué me va a pasar —contestó su boca porque su mente decía otra cosa diferente—, que una anda pensando en las cosas que tiene que hacer.

—A mí me pasa igual —explicó azorada—, así que me voy que no quiero perder más tiempo. Hasta luego.

Entonces pensó: «¿hasta luego? ¿piensa venir luego? ¡qué horror!», y la miró empequeñecerse en la trama urbana con el alivio de quien sale a la superficie del agua a respirar.

Dejó su mirada perdida en el infinito hasta que se sorprendió. La vio detenerse con otra mujer y se apesadumbró: «pobre víctima».