Colmados

2.5.25


Demasiada gramática nos mata.



5 apostillas:

Francesc Cornadó dijo...

Mata y si es gramática parda, remata.
Salud.

Joselu dijo...

Pues tú eres un fiel seguidor de las reglas gramaticales. Es como la etiqueta y los uniformes, reglas de funcionamiento sin las cuales nada es lo que debería ser. ¡Viva la gramática!

Anónimo dijo...

Este aforismo nos recuerda que, aunque las reglas gramaticales son importantes, su exceso puede inhibir la creatividad y la espontaneidad en la comunicación. En contextos educativos, este dicho sugiere que la rigidez en el aprendizaje del lenguaje puede ser contraproducente. Además, puede ser una metáfora para la vida, indicando que seguir demasiadas normas puede limitar nuestra capacidad de vivir de manera plena y auténtica. En resumen, es crucial encontrar un equilibrio entre seguir reglas y permitir la libertad de expresión y acción.

Joselu dijo...

Tranquilo, la realidad en las aulas es un total descreimiento en las reglas ortográficas, morfológicas y sintácticas. No hay peligro de opresión. Los chavales siguen totalmente tus intuiciones y no quieren que la lengua sea opresiva. Te hubiera pasado trabajos suyos para que vieras la realidad. Supongo que lo que evidencian es que viven plena y auténticamente.

Anónimo dijo...

Joselu, tienes razón en que las aulas hoy distan mucho de ser ese lugar opresivo donde la gramática ahoga la creatividad. De hecho, el problema parece ser el contrario: muchos alumnos salen del sistema sin dominar las estructuras básicas del idioma, lo que limita su capacidad para expresarse con claridad, acceder a ciertos trabajos o incluso defender sus derechos.

Pero tu comentario también toca un punto clave: ¿es la gramática enemiga de la autenticidad? Yo diría que no. Las reglas lingüísticas no son un corsé, sino los cimientos que permiten que la creatividad florezca sin degenerar en caos. Un poeta rompe las normas porque las conoce, no porque las ignore. Y un adolescente que escribe "haber" en lugar de "a ver" no está siendo "libre", sino perdiendo precisión (y oportunidades).

Dices que los chavales "viven plena y auténticamente", pero habría que preguntarse: ¿acaso la libertad auténtica no incluye también dominar las herramientas que te permiten navegar el mundo? La gramática no es elitismo: es el código que nos permite entendernos, desde un contrato hasta un mensaje de amor. Claro que hay que evitar el purismo asfixiante, pero celebrar el desconocimiento como rebeldía es condenar a los alumnos a una pobreza expresiva que, al final, solo beneficia a quienes prefieren una sociedad menos crítica y más manipulable.

Quizá el verdadero desafío no sea elegir entre gramática o caos, sino enseñar para qué sirve el lenguaje: no para obedecer, sino para pensar, crear y, sobre todo, para no ser engañados. Eso sí sería empoderar.