Ambiciones

23.9.14



—Usted recomienda, asociar las ideas importantes a los diez dedos de la mano y sus falanges.
—Relacionad las cosas que más necesitáis recordar con las cosas o personas que queréis, pero sobre todo con aquellas que más odiáis.
—Me habla de perseverar.
—Cháchara y constancia, dos cosas incompatibles. Rumiad, digerid vuestros proyectos en silencio, a fin de que irrumpan como obra, ya que si lo hacen como mera palabra, el viento se llevará vuestra voluntad con ella. No ejecutaréis aquello que haya sido motivo de alegre cháchara.
—¿Y leer?
—Leer dos libros a un tiempo, y de género opuesto. Por ejemplo, junto a uno agradable, uno de matemática, y viceversa.
—¿Los libros nos dan gran profundidad de campo existencial?
—Los libros no lo son todo. La ciencia de un hombre instruido sólo con libros es una especie de fe compuesta de unas pocas verdades y de muchas mentiras.
—¿Abomina de ellos?
—No por ello hay que concluir, como Rousseau, que todos los libros, excepto los propios, son malos.
—¿Le gusta diseccionar el poder como su obra ‘Teoría de la ambición’?
—El hombre habida cuenta de su orgullo y vanidad, no desea que se le convenza, sino que se le persuada.
—¿De su importancia?
—No tanto componer hermosas frases con que convencer y persuadir, sino que nuestros designios se infiltren en los sentimientos e ideas de aquellos que nos escuchan.
—¿Cómo hacerlo?
—No hablar nunca de uno mismo y sus asuntos sin necesidad, y meter en danza al prójimo tanto como sea posible. Jamás hablar el primero a no ser de la salud, la lluvia o el buen tiempo.
—¿Y para ganarse la confianza de los interlocutores?
—Ir diciendo que se posee una gran reputación: la gente lo repetirá, y las repeticiones harán reputación.
—Depende de quién lo diga.
—La maquinación en manos de bobos e incautos no comporta sino su propia ruina.
—¿Aunque sea verdad?
—Inflar una verdad establecida, no es decir nada nuevo; es un signo de mediocridad.
—Que no de libertad señor Marie-Jean Hérault de Séchelles.
—No se ha de ser esclavo sino de uno mismo, a fin de saborear mejor la libertad.




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