Relojes
31.8.25
El tiempo impío pasó y todos supieron de sus consecuencias. Los relojes, cansados de avisar en vano, comenzaron a atrasarse adrede. Primero minutos, luego horas, después días enteros. Era su forma de desagravio para enredar al mundo que los había encadenado a un tic-tac eterno.
Etiquetas: cuentos de domingo, cuentos diminutos
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