Regresiones

3.4.26


Esta mañana me encontré con una aparición de mi pasado. No lo reconocí al momento, aunque él sí sabía mi nombre. Entonces comencé a indagar en mi memoria. Con esfuerzo rescaté algunas imágenes del personaje y se marchó sin que pudiera situarlo de manera concreta en una realidad como la que los dos tuvimos hace muchos años. En la conversación fue él quien sostuvo casi todo: ese fantasma de mi vida actual se empeñó en contarme detalles de entonces, me llamó por mi nombre y me situó en algún espacio preciso de aquellos días. Me dijo, entre otras cosas, que yo leía muchos libros. Cuando me quedé solo pensé en eso. No me recordaba en esa fiebre lectora, quizá porque nunca las letras me han parecido suficientes. Quizá también porque uno no recuerda lo que fue, sino apenas lo poco que el tiempo le deja salvar de sí mismo.



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