El síndrome del pez volador

29.11.05




—Estoy harta de ser mujer —me confesó Lucía—. En la próxima vida me pido ser hombre. Deberíamos ser como algunas especies de peces tropicales que tienen una cierta flexibilidad en cuanto a su determinación sexual.
—¿Y cómo es eso? —pregunté intrigado.
—Ocurre, por ejemplo en una especie de peces voladores, que son machos en la primera etapa de su vida y luego cambian a hembras.



El corazón ‘partío’

19.11.05

— ¿A quién quieres más a tu ordenador o a mí?
—Son amores distintos.

Desamor

18.11.05



Todavía busco tu lágrima. La que rodó por tu mejilla que manó de tu lagrimal e inundó tu cristalino cuando tu corazón se apenó por la palabra hiriente que sonó a no.

Malditos roedores

17.11.05



Una de las plagas bíblicas que circulan por Internet es esa maldición de cadena de correos que viene a justificarse con algo así como: “Pide un deseo. Envía este mensaje a 10 personas en el plazo de una hora. Si lo envías, tu deseo se realizará. Si no lo envías, sucederá lo contrario a tu deseo... luego me dices qué pasó”.
Pero claro y si no pido un deseo y envío el mensaje, ¿se cumplirá mi no deseo? Y si no lo envío ¿cómo me sucederá lo contrario de un no deseo? Y por último, ¿cómo cuento que me sucedió un no deseo y qué no me sucedió?
Esta noche no duermo.

Parto

16.11.05



Salí del metro en Urquinaona y miré a mi alrededor. Durante un instante permanecí erguido y quieto. Después me pregunté: ¿el mundo es esto?

El olor de la guayaba

15.11.05


El aroma que desprende la guayaba a nadie deja indiferente, mientras para unas personas su olor es seductor y agradable, otras no lo soportan. Suele suceder igual con algunas relaciones humanas. ¿Será que todo es pura química?

La medusa

14.11.05




Me dijo: «mírate en mis ojos». Y quedé petrificado.



Historial de quejas

13.11.05


Hace tiempo que no me dices nada bonito.
No me tienes en cuenta.
Nunca me dices lo guapa que estoy.
Nunca hacemos nada juntos.
No atiendes a lo que te digo.
Nunca me haces caso.
Cuánto me has echado de menos.
He renunciado a cambiarte.
No valoras las cosas que hago.

Caídos por la patria

12.11.05

Han muerto seis obreros de la construcción tras caerles encima una estructura cuando construían un tramo de la autovía del Mediterráneo. Para ellos no habrá funerales de estado, ni medallas, ni discursos, ni le rendirán honores las más altas instancias. Porque ellos con sus rudas manos de obreros no hacen patria, sólo carreteras.

Resignación

11.11.05




Sentado junto a mí en el banco del parque aquel hombre me confesó: en mi juventud traté de cumplir con la máxima que escribió Baudelaire hay que ser sublime sin interrupción. El paso del tiempo, que todo lo simplifica, me ha hecho un ser corriente, fragmentario y contradictorio.


El empleo

10.11.05


Diego entró a trabajar en una planta de hormigón porque ya tenía edad como para ganarse la vida. Su padre le había buscado aquel empleo después de hablar con uno de los jefes de la empresa con el que mediaba cierta amistad.
Polvo, ruido y sudor. Muchas horas entre rudos operarios pasó Diego hasta comprender que aquello no era los suyo. Claro que el grupo de verbena con el que actuaba como guitarrista cada fin de semana no daba para mantener una casa con dos niñas y una mujer.
Diego pensó en marcharse pero antes decidió que lo echaran para pedir una indemnización. Al menos no se iría con las manos vacías, se dijo. Activó un plan de protestas. Primero fueron unos auriculares para el ruido, después unas mascarillas para el polvo, botas y mono de trabajo nuevo. Los descansos respetarlos. Así hasta elaborar una larga lista de reivindicaciones que le fueron satisfechas. Pero no lo despidieron.
Pasado un tiempo el sector de la construcción de la zona tuvo un periodo que los economistas llaman de rescisión y la empresa comenzó a desprenderse de personal. Diego pensó «esta es la mía» y no fue así. Tras una primera oleada de despidos él continuó en la planta. Las ventas siguieron su descenso y aumentó el personal que fue a la calle, pero Diego permaneció allí ante el inminente cierre de la empresa.
Un día fue citado junto al último compañero que permanecía contratado. Diego, al fin, sabía lo que se avecinaba y esperaba desde hacía tiempo. Un ejecutivo les ofrecía dos alternativas: despido e indemnización o traslado. El otro obrero escogió por la segunda opción. Diego eligió la indemnización.
La empresa trasladó al compañero de Diego a una planta filial que estaba a 300 kilómetros de distancia. A Diego lo dejó, hasta el día de hoy, como único empleado y jefe del empleo del que siempre quiso marcharse.

El príncipe y el mendigo

9.11.05



Amalia nació cuando Leonor. Su madre es desempleada y su padre trabaja como temporero. Como Leonor, Amalia tendrá todo el cariño de sus padres y poco más. No tendrá una vida de lujo y parabienes. No tendrá un predestino, ni reinará en ningún otro lugar que no sea el corazón de quienes la puedan querer.
Podemos pensar que es el azar aquello que nos sitúa en un lugar u otro, pero hay voces que no dejan de decir que existe una determinación social aplastante.

Pellejo

8.11.05

La serpiente mudó de piel y creyó que era otra. Los cambios nos obligan a renovarnos y a pensar que somos distintos.

Primero de mes

7.11.05



Como cada primero de mes Úrsula va a ingresar el correspondiente dinero para pagar la hipoteca de su piso, hábito que si no lo remedia un golpe de fortuna deberá repetir durante varios lustros. Como cada primero de mes Úrsula debe enfrentarse a una larga cola de personas en parecidas circunstancias a la suya y con similares estados de ánimo. Como cada primero de mes Úrsula pasa, ensimismada, un buen rato mientras le toca su turno en ventanilla y repasa los quehaceres de ese día. Como cada primero de mes Úrsula, para distraerse, lee los carteles que cuelgan de las paredes del banco: ‘Colabora en la campaña contra el hambre en África’. ‘Ayuda a la Asociación Española Contra el Cáncer’. ‘Apadrina un niño’. ‘Deja tu donativo para una oenegé’. Como cada primero de mes Úrsula piensa que con los intereses que le cobra su entidad bancaria ya podían repartir sus beneficios entre tantos necesitados.

Mariposas

6.11.05



En un rincón de la casa, aislado de las miradas, hay un tazón lleno de aceite usado. Navegan sobre ese negro mar, como oscuros veleros, algunas lamparillas prendidas. Una por cada familiar difunto: una por cada ser ausente. Cada año se renueva la liturgia de las candelillas. Los que ya no están, llamados por las pequeñas lengua de luz, se citan a beber de las llamas de las mariposas reunidos en derredor. Los imagino de vuelta a la casa que ocuparon y en la que sintieron penas y alegrías, dudas y certezas. Los oigo charlar de asuntos diarios y del tiempo agotado. Un día seremos como una de esas pequeñas lenguas de fuego. Después nada.

Infanticidio

5.11.05



Robarle la infancia a un niño es como matarlo. Crecerá pero nunca más volverá a habitar ese tiempo. Es lo que ocurre con una moda que denominan ‘tweenagers’ (entre edades), niñas –principalmente– dedicadas a ser artistas y famosas. Detrás la ambición desmedida de unos padres sin escrúpulos y los intereses de la empresas en adiestrar consumidores lo antes posible. La conclusión es que los pequeños siguen estas modas y pierden un tiempo precioso irrecuperable que los hace mayores sin haber sido niños.
Y las televisiones, donde tanto se habla de proteger a los menores, programan esos espacios en la franja horaria de los adultos, donde hay cortes publicitarios para el consumo de adultos. ¡A la cárcel deberían ir todos!

Otra vida

4.11.05



− No le tengo miedo a la muerte − me dijo con aplomo −. Si acaso me asusta pensar que en la otra vida las mujeres no tengan sexo.

Disyuntiva

3.11.05


Según los psicólogos a muchas mujeres una relación estable no las satisface sexualmente y una inestable las deja insatisfechas emocionalmente. Al parecer se debe al papel de ‘supermujeres’ que han adquirido y por el que no puede prescindir del trabajo, descuidar a los hijos, la casa, la pareja, los padres y cuidar su aspecto físico. Me temo lo peor.

Patio de vecinos

2.11.05



Cometo un pecado (todos los días peco, dónde si no se va a estar más a gusto que en el infierno). Me pongo a visitar bitácoras o ‘blogs’. Considero un pecado perder el tiempo. Es como para un millonario perder dinero.
Me apesadumbro por el estado de ánimo general que me da este juego llamado ‘blogosfera’. Cada día soy un conectado a Internet por la libertad mental que me da –aunque esté atado a la tecnología-, pero el mundo de los ‘blogger’ se parece mucho a un patio de vecinos. Sé que hay algunas cosas buenas y otras interesantes, otras hasta sinceras, pero en general es como la realidad que me rodea todos los días: mucho protagonista, mucho gurú, mucho ego.
Y perdonen las molestias.

Ex cátedra

1.11.05



«A los hombres no hay quien los entienda». Así hablaba una mujer casada siete veces y divorciada igual número. Se podía decir que en su sentencia había causa de conocimiento.