—Por qué mira el reloj con tanta insistencia.
―Es para que no se me escape el tiempo.
―Entonces debe estar atento. El tiempo es hábil y escurridizo.
―Cierto, la última vez que me despisté, perdí mi juventud. Ahora no estoy dispuesto a dejar escapar ni un sólo segundo.
―El mejor método para evitar fugas de tiempo es detenerlo antes de que eche a andar.
―Sí el momento más delicado es la medianoche. Siempre se me termina por escapar un día.
—Otra solución sería hacer desaparecer cualquier medidor de tiempos.
―Es posible. Si todos los instrumentos y objetos para medirlo desaparecieran, no habría forma de saber de su existencia.
―Venga, manos a la obra.




3 apostillas:
Y el tiempo no existe ni tiene importancia por mucho que intentemos medirlo. Dentro de dos minutos que pasan como chasquidos ya es futuro.
Saludos.
Saludos.
Y pensar que aunque nos quejemos de no tener tiempo, en el fondo lo que deseamos es aprender a dejarlo pasar sin prisas, a su aire, sin reclamos...
Rompamos pues los relojes.
Encantado desde "La mirada perpleja" (lamiradaperpleja.blogspot.com)
¡Lástima las malditas canas que siguen ahí, recordándote que el tiempo pasa!
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